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Areas de
diagnóstico e intervención en psicoterapia: sector
"Estilos defensivos (regulación de
estados afectivos displacenteros)"
Hugo
Bleichmar
El concepto de defensa ha
ido ampliándose desde las primeras descripciones que hiciera
Freud,
evolución que es consecuencia del cambio que tiene lugar en la
teoría
psicoanalítica con el pasaje desde la primera tópica a la
segunda tópica, y luego a lo que podemos considerar la
tópica
de la intersubjetividad.
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1) En su primera
formulación
sobre la estructura del psiquismo, la llamada primera tópica (La
interpretación de los sueños, 1900), Freud distingue tres
estratos: conciencia, preconsciente e inconsciente. Ubica al conflicto
psíquico en la contradicción existente entre el
inconsciente
(deseos sexuales, agresivos) y la conciencia que los considera
transgresores
respecto a los ideales del "yo oficial". Conflicto, por tanto
entre
conciencia e inconsciente. Para impedir el acceso a la conciencia de
ciertos deseos transgresores se activan los "mecanismos" de defensa
(básicamente, la represión).
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2) Cuando Freud
formula la segunda
tópica, que incluye a la primera, el conflicto ya no es
solamente
el que existe entre la conciencia y el inconsciente, sino que el nivel
principal del conflicto es ubicado en el inconsciente mismo (conflicto
entre los deseos del ello y las prohibiciones inconscientes de un
superyó
inconsciente, culpa inconsciente, necesidad inconsciente de castigo,
angustia
de castración inconsciente que es contrarrestada en el
inconsciente
mismo merced fantasías inconscientes omnipotentes). La
consecuencia
de esta reformulación de cómo está estructurado el
psiquismo es que además de los "mecanismos" de defensa
que
actúan en la interfase entre la conciencia y el inconsciente, en
el inconsciente se organizan fantasías y operaciones que
intentan
mitigar la angustia de otras fantasías inconscientes. Este es el
sector de las defensas que ocupa buena parte de la obra de M. Klein,
entre
otros autores.
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3) Con todo,
tanto en la primera
tópica como en la segunda, lo que se describe es la estructura
de
un psiquismo que funciona independiente del exterior, que es una
especie
de sistema cerrado en el que los conflictos se producen entre partes
del
mismo. Pero el psiquismo adulto (no sólo el del niño en
sus
diferentes momentos del desarrollo) tiene una estructura y un
funcionamiento
que está entrelazada, articulada, con el psiquismo del otro.
Ejs:
el sujeto siente angustia y se activan, inconscientemente, conductas
que
promueven respuestas del otro que las contrarrestan de manera similar a
la situación en que el niño llora y el adulto le coge en
brazos y le calma. Es el otro el que metaboliza y transforma la
angustia,
cumpliendo la función continente (Bion).
O es el otro el que activa al
sujeto como sujeto deseante, le dota de vitalidad, de entusiasmo
(objeto
transformacional de Bollas), sacándole de un estado dominado por
el sentimiento de vacío, de aburrimiento doloroso, cumpliendo
así
funciones de las que suele adscribir al ello. Para aclarar aún
más:
no es que el otro sea el objeto hacia el que se dirige el deseo del
sujeto
sino que es quién provee el tema, la fuerza del deseo y,
sobre
todo, organiza la conducta del sujeto modificando estados de
desorganización
psíquica, de sentimientos de falta de propósito en la
acción.
En síntesis, aún
en el psiquismo más autónomo (por supuesto hay todo un
gradiente
en este entrelazamiento entre la estructura psíquica del sujeto
y la del otro), en todo momento el otro es algo más que objeto
al
que se orienta un deseo del sujeto o un objeto para la
proyección
y ubicación por parte del sujeto de partes de su psiquismo: el
otro,
con su funcionar psíquico entra en la constitución y el
funcionamiento
del aparato psíquico del sujeto.
Por otra parte,
ciertas
defensas no se dirigen en contra de representaciones del sujeto sino
que
son formas de provocar estados afectivos deseados en el otro. Ej.:
porque
el sufrimiento de uno de los padres causa angustia, el sujeto debe
alegrarse
para provocar este estado en el otro. O, por el contrario, porque la
alegría
provoca la furia en el otro, el sujeto (niño o adulto) debe
reprimirla.
O sea, se trata de un circuito en que la respuesta anticipada del otro
es la que determina el movimiento defensivo. Sin la presencia real
del
otro no se produce una reacción de oposición dentro del
sujeto.
El conflicto no está internalizado como oposición dentro
de fuerzas contradictorias del sujeto sino que es el estado afectivo
del
otro el que inicia y determina la puesta en marcha de la
defensa.
Podemos,
ahora, caracterizar a las defensas en su sentido más amplio:
formas
de evitar el displacer, tanto el consciente como el inconsciente,
displacer derivado de la tensión en los distintos sistemas
motivacionales
(hetero-autoconservación, apego, narcisismo, sensual-sexual),
tensión
iniciada por necesidades y deseos del sujeto, por sus fantasías,
o por lo que el otro siente, fantasea y hace.
Defensas
intrapsíquicas:
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DEFENSAS
DE OCULTAMIENTO (Mecanismos de defensa): formas de mantener apartados
del
conocimiento consciente pensamientos, deseos o estados afectivos
displacenteros
(ej. identificación proyectiva, escisión,
represión,
negación, racionalización, etc.). Los mecanismos de
defensa
son un subsector dentro de las defensas. Además, las defensas
pueden
no estar dirigidas a un contenido mental restringido (represión
o proyección del tal deseo específico) sino en contra de
la actividad global del psiquismo: porque pensar produce angustia, se
generan
estados de obnubilación, de desactivación del pensar, de
adormecimiento (el sueño del depresivo), de desconexión
cognitiva-afectiva.
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DEFENSAS
DE TRANSFORMACION: no se oculta algo pero dejándole tal
cual
en el inconsciente sino que el psiquismo produce, fabrica, algo
diferente:
fantasías o estados emocionales que contrarrestan a las
displacenteras
(Ejs.: frente al sentimiento de vacío o de depresión,
activación
de estados afectivos-cognitivos dominados por la agresividad; frente a
sentimientos de impotencia, creación de una identidad
grandiosa).
Dentro de estas defensas de transformación tenemos la
asunción
de ciertas identidades para contrarrestar otras que resultan
angustiantes:
ej. la de agresor y perseguidor en vez de la de perseguido.
Defensas
interpersonales: se hace desempeñar al otro funciones o
identidades
que mantienen el equilibrio del sujeto (ejs. objeto del self,
función
continente de la ansiedad, etc.)
Tomando
en cuenta la relación del sujeto con el mundo externo, las
defensas
pueden ser:
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Aloplásticas:
se intenta modificar el mundo exterior para disipar el afecto
displacentero
(ejs. frente a angustias de desorganización mental o ante
angustias
paranoides, se fuerza a las personas que rodean al sujeto a mantener un
orden obsesivo en el mundo exterior o a que adapten su conducta a las
necesidades
del sujeto)
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Autoplásticas:
modificación del propio sujeto (cognitiva y emocional) para
adaptarse
a medios externos patolológicos y traumatizantes (ejs.
negación
de la patología del objeto, idealización, crearse estados
de autoexcitación y/o alegría para satisfacer las
demandas
del objeto externo, etc.)
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Consecuencias para la terapia de
la reconceptualización de las defensas
Si el psiquismo se defiende
de la angustia
no sólo mediante el ocultamiento a la conciencia (mecanismos de
defensa), la terapia no podrá consistir únicamente en
hacer
consciente lo rechazado de la conciencia (desrepresión) para
luego
modificarlo en la conciencia sino, también, en la modificación
del inconsciente mismo mediante :
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Cambio de las
representaciones inconscientes
que generan la angustia (cambios en la representación del sujeto
y del otro, del sentimiento de impotencia/potencia, de
inseguridad/seguridad,
de desvalorización/valorización, etc.)
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Reemplazo de las
formas patológicas
que el paciente ha utilizado hasta el presente para transformar la
angustia
(las defensas que hemos denominado más arriba "defensas de
transformación").
O sea, adquisición de nuevos recursos.
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Creación de
estructura intrapsíquica
capaz de encarar la angustia en vez de dependerse del otro como objeto
transformador de la angustia y equilibrante del psiquismo (capacidad de
autoapaciguamiento).
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