|
La
aplicación del enfoque "Modular-Transformacional"
a la clínica conduce a una reformulación de la
psicopatología:
en vez de una nosología basada en entidades estancas, separadas las unas de las otras,
se describen los cuadros psicopatológicos y sus subtipos como el resultado de la
articulación de componentes, cada uno con su historia generativa y, sobre todo, las
transformaciones de estos componentes en el proceso de articulación.
De esta manera, resulta factible un diagnóstico que:
- Recoja la diversidad de
dimensiones aportadas
por el psicoanálisis a la clínica y permita dar cuenta de lacomplejidad de
rasgos de carácter y psicopatológicos que producen el perfil particular de cada
paciente.
- Muestre el camino (los
pasos sucesivos
en el procesamiento psíquico) que conducen a ese cuadro en particular, así
como las transformaciones de unas estructuras psicopatológicas en
otras.
A modo de ejemplificación, y para
mostrar
las posibilidades que abre un enfoque "Modular-Transformacional"
para la clínica, se examinarán las múltiples
vías
por las cuales se pueden
generar los estados depresivos,
lo que permite diferenciar subtipos y encarar formas terapéuticas que
les sean específicas. Concepción de los trastornos
depresivos que cuestiona las
hipótesis
sobre su origen en las que se consideran una o unas pocas condiciones como causa de los
mismos.
[Lo que
sigue es un resumen
de algunos aspectos abordados en el trabajo: Hugo Bleichmar ( 1996). Some Subtypes
of depresion and their implications for psychoanalytic therapy,
"International
Journal
of Psychoanalysis", vol. 77, pp. 935-961, así como en el libro
"Avances
en Psicoterapia Psicoanalitica. Hacia una técnica de
intervenciones
específicas". ]
Ver: Bleichmar, H. Algunos
subtipos de depresión, sus interrelaciones y consecuencias para
el tratamiento psicoanalítico. Conferencia de
Investigación Joseph Sandler, Londres, Marzo 2003 (Aperturas
Psicoanalíticas,
No. 14 Julio 2003)
Diferentes caminos
de entrada a la
depresión
Es
posible diferenciar subtipos de depresión no sólo por la
sintomatología
sino por las causas que la determinaron y la mantienen en la
actualidad. Esto permite diseñar formas de intervención
específicas
para cada subtipo.
1) A la
depresión
por acción de la agresividad.
a)
Desgaste, deterioro del objeto externo en tanto valorizado.
b)
Agresividad actuada contra el objeto externo real.
c)
Agresividad dirigida contra el propio sujeto.
2) Desde los
sentimientos
de culpa
a la depresión.
a)
Culpa debida a la cualidad de los deseos inconscientes.
b)
Culpa por la codificación que se hace de los impulsos y deseos.
c)
Culpa por identificación.
d)
Culpa defensiva.
3) A la
depresión
desde los trastornos
narcisistas.
4) Desde lo sentimientos
de persecución a la depresión.
5) El papel
de la identificación
en la depresión.
6) Déficits
yoicos: conflicto, identificación, simbiosis.
7) La realidad
externa traumática y la depresión.
8) Transformaciones
entre los distintos circuitos que conducen a la
depresión.
9) Utilidad
del modelo modular de articulación de componentes.
Diferentes
caminos de entrada a la depresión
Si la impotencia y la
desesperanza para la realización de un deseo significativo
al cual el
sujeto está
intensamente fijado constituye el núcleo común de todo
estado
depresivo, se
puede llegar a ese estado por múltiples caminos, ninguno de
los cuales es
condición
obligada.
El diagrama
adjunto (simplificado
respecto al publicado en Avances
en Psicoterapia Psicoanalítica)
intenta daruna primera aproximación para la comprensión
de las varias vías que conducen
a la depresión, mostrando interrelaciones entre distintas
condiciones
causales.

Se incluyen
varios sectores
-trastorno narcisista, agresividad, angustias persecutorias,
déficit
yoico, realidad traumática, masoquismo, culpa, etc.-, que,
a su vez,
podrían
representarse cada uno de ellos ocupando el centro de un
diagrama
sectorial en
que se mostrase cómo se generan. La bidireccionalidad de
las flechas
indican la
complejidad de las influencias entre los sectores.
1)
A la depresión por acción de la agresividad
La
relación entre
agresividad y depresión ha sido largamente estudiada en
psicoanálisis, no existiendo,
sinembargo,
acuerdo acerca de qué papel desempeña la primera en
la causación
de
la segunda
ni de la direccionalidad del proceso causal entre ambas. Las posiciones
al respecto las podemos enmarcar dentro de las siguientes líneas:
a) La
agresividad
como una condición universalmente presente en toda
depresión,
y causabásica de la misma. -M. Klein, como representante
más radical dentro de esta línea.
b) La
agresividad como causa
que no se puede dejar fuera de la comprensión de la
depresión
pero que es parte de un proceso: frustración que produce
rabia, seguida por intentos hostiles para obtener la
gratificación
deseada. Luego, cuando el sujeto es incapaz -por razones externas o
internas-
para alcanzar las metas anheladas, la agresividad es dirigida en contra
de la representación del sujeto, con la consiguiente
pérdida de
autoestima
(Jacobson, 1971, p. 183).
c) La
agresividad puede
no jugar papel alguno en el origen de la depresión, siendo lo
central el descenso de la autoestima (Bibring, 1953).
d) La
agresividad como fenómeno
secundario, derivado, pues cuando existe sería
la respuesta a la
falla
del objeto externo que provoca dolor y rabia narcisista (Kohut,
1972, 1977).
Lo que resulta
necesario entender
es cómo y por qué las distintas formas de
agresividad son capaces de provocar
desesperanza e impotencia para la realización del deseo.
Diferenciaremos,
a los fines expositivos, ya que frecuentemente están asociados,
los efectos
que para el sujeto
tiene la agresividad cuando recae sobre la representación
del otro
o sobre la representación
del sujeto, por un lado, de los efectos que posee cuando el
deseo agresivo es
actuado
sobre el otro externo real o cuando se dirige contra el
funcionamiento del
sujeto,
o sea, no simplemente contra la representación del sujeto
sino contra
sus funciones mentales
o corporales.
1a)
Desgaste, deterioro del objeto en tanto valorizado
Abraham (1924)
planteó
que la agresividad destruye al objeto, describiendo las
fantasías
de ataque oral y
anal que
determinan que el sujeto sienta que destrozó, arruinó,
mató
y
aniquiló al
objeto,
por lo cual experimentaría culpa. Con todo, es indispensable
una
matización:
si al
objeto se lo pierde es, sobre todo, porque al desgastárselo
internamente
mediante la crítica corrosiva y la desvalorización
-impulsadas
por la agresividad- se lo pierde en tanto
objeto
valorizado. En este sentido, nada más apropiado que la
expresión
"destrucción
del objeto" no porque la persona fantasee con su destrucción
física bajo las mil formas
del
sadismo -puede o no hacerlo-, sino porque la
descalificación
destruye al
objeto como
estimulante, lo que es indispensable para sostener el narcisismo
del sujeto.
Es un
proceso similar al que tiene lugar en aquellas personas que atacan
continuamente
por rivalidad o envidia a todo lo que les rodea: nada les resulta
valioso,
ni personas, ni instituciones, ni actividades; ningún proyecto
queda
libre del cuestionamiento, de la
denigración.
Ataque y destrucción del objeto que conduce a un mundo
vacío
de objetos valiosos y
estimulantes,
mundo que es comparado por el sujeto con un mundo imaginario poblado de
objetos idealizados que se sienten, en consecuencia, como
inalcanzables.
En algunos casos, la denigración/destrucción de los
objetos
llega a ser tan generalizada que nada es apetecible,
quedando
como único deseo, dolorosamente sentido, el de encontrar
algo que saque del
aburrimiento
y la apatía.
Agresividad en
contra del
objeto que podemos particularizar aún más: si está
dirigida en contra de un objeto
que
es una "posesión narcisista" o si recae sobre el "objeto de
la actividad
narcisista".
Es la diferencia introducida por Bleichmar, H. (1981) en el
estudio sobre el narcisismo
en el
que se caracterizan a las "posesiones narcisistas" como todo aquello
(personas o cosas) con lo que se mantiene una relación tal que
el
mérito o las fallas del objeto en
cuestión
recaen sobre la representación del sujeto. Es, por ejemplo, lo
que puede
significar un
hijo
para sus padres en el momento en que recibe un premio o, por el
contrario,
cuando merece una condena social por cierta conducta considerada
reprobable: la valía del
objeto
se suma algebraicamente a la del propio sujeto. Constituyen una
"posesión
narcisista"
la casa, el automóvil, la colección de libros o pinturas
o sellos etc. Es una posesión
narcisista
el amigo que se exhibe ante los demás por ser famoso, rico
o exitoso:
el
sentimiento
es de incremento de la autoestima, de fusión con la
valoración
que merece el otro. Igualmente constituye una posesión
narcisista
el grupo al que se pertenece -partido, iglesia,
movimiento
ideológico, etc.- ya que el juicio de valor, negativo o
positivo, que se haga sobre el
grupo
recaerá sobre la persona. Con la posesión narcisista
existe
una identificación parcial, exclusivamente en una de sus
dimensiones,
la de su valía; por ello no es necesario que sea
una
persona, pudiendo ser cualquier cosa u objeto material.
El "objeto de la
actividad
narcisista", en cambio, es aquel que permite realizar una
actividad que otorga
valoración
narcisista al sujeto. Es el objeto-instrumento para una
actividad del sujeto
que
ha sido narcisísticamente catectizada, objeto sin el cual la
actividad o función no
puede
existir. Ejemplos: el cuerpo del otro que, además de proveer de
placer erógeno, posibilita el goce narcisista de sentir que el
sujeto
posee la potencia de producir el placer de ese otro; o, el otro que
escucha
y responde, sin el cual el placer narcisista de hablar
y de comunicar es
inexistente.
De igual manera, el paciente y su cuerpo para el cirujano, o el piano y
la música para el pianista; el alumno y la enseñanza para
el profesor pues le posibilitan a
éste
que se despliegue una habilidad -conocimiento, capacidad
pedagógica,
discursiva, etc.- que le otorga valía; el juego y el
contrincante
para un deportista; el automóvil para un corredor de
carreras;
el hijo para el padre o la madre, cuando la paternidad y la maternidad
son actividades narcisistas que testimoniarían de la
valía
del sujeto por su
capacidad para
desempeñarlas.
Son objetos de la actividad narcisista cualquier oficio o
profesión
o actividad -y las personas y objetos que constituyen parte
constitutiva
de éstas- que permiten que una
función
dotada de valor narcisista, corporal o intelectual, se realice. El
objeto
de la actividad narcisista desempeña, en cuanto a las funciones
del sujeto, captadas desde el código narcisista, un papel
equivalente
al que tiene el objeto de la pulsión: permite
que alcance su meta.
Si
el narcisismo es para el ser humano una fuerza motivacional tan
importante
como lo es la sexualidad de las zonas erógenas, también
posee
como ésta sus objetos específicos, a los que cada persona
queda fijada. La ausencia de los objetos de la actividad narcisista
explica
el desequilibrio profundo que se produce en algunas personas durante
los
fines de semana o las vacaciones.
Si se ataca a
estos objetos
de la actividad narcisista -ej.: personas que denigran su trabajo
o profesión a
la
que pertenecen en cuanto a la falta de importancia que tendría,
o por las condiciones en que se desarrollan, o por la escasa recompensa
material que otorga-, todos esos ataques
terminan por
hacer sentir al sujeto impotente para la realización de un deseo
narcisista de logro personal que depende de esos objetos. La propia
profesión
o actividad aparece como no
valiosa
en contraste con otras que quedan investidas como objetos
idealizados
inalcanzables,
dando lugar a la insatisfacible carga de anhelo mencionada por
Freud en
"Inhibición,
síntoma y angustia". Es la depresión crónica que
produce
la permanencia
en
cualquier
trabajo al que se descalifique y que pasa a realizarse
burocráticamente.
Todo ataque o descalificación a los objetos de laactividad
narcisista deja un vacío
en
el sujeto para la puesta en actividad de las funciones que dependiendo
de
ese objeto
contribuyen a
sostener no sólo la autoestima sino, también, los
diferentes
niveles de
organización del
psiquismo.
1b)
Agresividad actuada contra el objeto externo real
Si la persona no
sólo
ataca la representación de los objetos dentro de él
(objeto
interno), sino que
actúa la
agresividad en el mundo externo, destruyendo relaciones familiares y de
amistad, relaciones l laborales, oportunidades en la vida real, todo
ello
desemboca en situaciones de
deterioro,
de impotencia para la realización de deseos de amor, de
reconocimiento, de
logros
en el mundo externo. La depresión es, en estos casos, el
resultado de un
fracaso
en la creación de condiciones que permitan la realización
de deseos
que son
centrales
para la persona. Es lo que se observa con aquellas personas
que pasan gran parte
de
su vida atacando lo que en su negación omnipotente
consideran que continuamente
podrán
recuperar, para después, a cierta edad, cuando la realidad
impide el
mantenimiento
de las ilusiones defensivas, sentir todo como irremediablemente
perdido.
1c)
Agresividad dirigida contra el propio sujeto
La persona
está siempre
en relación consigo mismo, actuando y observándose,
actuando y
reaccionando
ante su actuación. Así como con una figura externa se
puede tener
una actitud
básica
de amor, de aceptación, en cuyo caso todo lo que aquélla
hace es
considerado con
buenos
ojos, o, por el contrario, de hostilidad, de igual manera en la
relación que
la persona
tiene consigo mismo la actitud de base puede ser de amor o de
odio. En este
último
caso, ante la menor frustración el sujeto se castiga, siendo
la hostilidad
consigo
mismo
la que va creando, en cada situación, el argumento que se
usa para
ir
atacándose.
Será esta hostilidad la que guiará, tendenciosamente, las
exigencias que se irán
planteando
al sujeto. Se elevarán los ideales o se denigrará al
propio
sujeto -a
su
representación-
de modo que la brecha entre ambos se mantenga siempre abierta.
La agresividad
bajo la forma
de continua autocrítica no sólo deteriora la
representación del self sino que
también
ejerce un impacto negativo en el funcionamiento del self. El
sujeto,
odiándose,
consume sus energías en una guerra interna, ataca e inhibe a su
yo -produce
déficits
yoicos-, coartando cualquier movimiento hacia la realización de
sus deseos.
La
consecuencia:
un sujeto empobrecido, incapaz de brindar sustento a su
autoestima.
2)
Culpa y depresión
Los sentimientos de culpabilidad
están
sostenidos por una estructura de la fantasía en que podemos
discernir
varios componentes. En primer lugar, una doble identidad que el
sujeto atribuye al otro y a
sí
mismo. El otro es visto como un ser sufriente, infeliz, necesitado, mientras que el sujeto
se
representa como estando en una posición más favorable que el objeto, gozando o
disponiendo
de aquello que éste carecería. En segundo
lugar, el sujeto se representa como
infractor de ciertos mandatos superyoicos -no dañarás,
no harás sufrir, protegerás, ayudarás,
salvarás,
harás feliz, no gozarás si el otro no lo hace, etc. Mandatos que le hacen
sentir
en falta, tanto si provocó el sufrimiento del objeto
como si no lo ayuda a salir del
mismo
aunque él no haya sido el causante. En tercer
término, y esto es
esencial, el sujeto tiene
que identificarse con el sufrimiento del otro, sentir como propio lo que le pasa,
proyectar
sobre el otro experiencias simbólicamente equivalentes. Sin
identificación
y amor por el objeto no hay culpa aunque se cumplan las dos condiciones mencionadas
antes.
En cuanto al origen de los
sentimientos
de culpabilidad, si seguimos a Freud, éste fue variando a lo largo de su obra su
concepción
acerca de cuáles son las condiciones que generan los generan. Como sucede con
otros
temas, la complejidad del pensamiento freudiano ha dado lugar a corrientes
dentro
del psicoanálisis que se apoyan en uno u otro de sus desarrollos. En Freud,
podríamos
reconocer, por lo menos, las siguientes
concepciones sobre el origen de la
culpa:
a)
Culpa debida a la cualidad de los deseos inconscientes
Desde sus
primeros trabajos,
Freud (Carta 71, 1897; 1909) consideró que el sentimiento de
culpabilidad
está dado por la existencia de ciertos deseos sexuales y
hostiles
que entran en contradicción con las representaciones prevalentes
en el sujeto La culpa sería, de este modo, la consecuencia
natural,
lógica, de la cualidad del deseo: dado que lo que se desea es
transgresor,
resultaría natural, no podría ser de otro modo, que la
persona
se sienta culpable.
b)
Culpa por la codificación que se hace de los impulsos y
deseos
Pero junto a esta
concepción
naturalista de la culpa, Freud plantea una otra causa de la
culpabilidad,
que no depende ya de la cualidad del deseo o impulso sino de la
codificación que el sujeto haga
de éstos.
En "Introducción del Narcisismo" dice: «Las mismas
impresiones y
vivencias,
los mismos impulsos y mociones de deseo que un hombre tolera o
al menos procesa
conscientemente,
son desaprobados por otro con indignación total o ahogados ya
antes
que devengan conscientes. Ahora bien, es fácil expresar la
diferencia entre esos dos
hombres,
que contiene la condición de la represión, en
términos
que la teoría de la libido puede
dominar.
Podemos decir que uno ha erigido en el interior de sí un ideal
por el
cual mide su yo
actual,
mientras que en el otro falta esa formación de ideal»
(Freud,
1914a, p.
90). El eje de la
explicación
no reside ya en la cualidad del impulso o del deseo sino en
que el ideal y la
instancia
crítica evaluadora son diferentes en unos y otros. Cuando
pocos años
después
Freud formula la segunda tópica, esto implicará que de
acuerdo
a cómo se desarrolle el superyó -no igual en todos los
sujetos-,
se determinará que se sienta o no culpa.
Aquí hay
un cambio
radical que tiene implicancias para el tratamiento: ya no se trata,
como
ocurriría aplicando la primera concepción sobre la causa
de la culpabilidad, que cuando el analista descubre que su paciente
tiene
culpa inconsciente debe buscar exclusivamente los deseos reprimidos
sino
que, también, y centralmente, se preguntará acerca de las
razones por las cuales el
superyó
codifica como agresivo o dañino algo que otra persona no lo
haría. El analista que
tenga en
cuenta el carácter codificador que el superyó hace de los
deseos no
le
transmitirá al
paciente la concepción "por tener esos deseos sientes culpa"
sino
que le llevará
a
interrogarse
porqué sus deseos son captados desde una perspectiva que le
hace sentir
transgresor,
cuáles
fueron las condiciones que contribuyeron a construir un superyó
con ciertos ideales tiránicos, una conciencia crítica severa,un sadismo del superyó en
contra del
yo que busca cualquier coartada
para atacar.
c)
Culpa por identificación
Freud, en el cap.
V de El
Yo y el ello (1923) afirma refiriéndose a la culpa
inconsciente:
«Una particular chance de influir sobre él se tiene cuando
ese sentimiento icc de culpa es prestado, vale decir, el resultado de
la
identificación con otra persona que antaño fue objeto de
una investidura erótica» . En este caso no es que la
persona
por sus deseos o por la codificación que el
superyó va
haciendo de sus conductas llegue a la conclusión inconsciente de
que es malo,
sino que se
trata
de una identidad básica global, la de ser malo, agresivo. La
matriz
inconsciente de que es malo generará representaciones en su
conciencia
de que hizo tal o cual otra cosa
inadecuada
-no cuidó al objeto, le agravió, etc. Por tanto, una
representación
inconsciente del sujeto como dañinodesde la cual por pura
deducción
a partir de un prejuicio se terminará
concluyendo,
en cada oportunidad, que se es malo, siendo lo que hace o
siente en esa
ocasión
la excusa que permite afirmar lo que se creía previamente.
Estas tres
concepciones de
la culpa, que en Freud no se contraponen sino que se suman, sin embargo
en distintas escuelas psicoanalíticas pasan a constituirse en
las
explicaciones que se invocan de manera
casi
exclusiva. Encontramos así un espectro que va desde el polo que
ocuparía la escuela kleiniana, en la cual cuando el analista
detecta
culpa inconsciente busca el impulso agresivo
reprimido
o escindido y, en el otro polo, aquellos analistas que creen que
la culpabilidad es
siempre
el resultado de la inculpación por parte de la figura externa,
considerando
que el conflicto intrapsíquico juega un papel secundario -Kohut,
por ejemplo.
d)
Culpa defensiva
Fairbairn
aportó una
sofisticada explicación sobre el sentimiento de culpabilidad que
toma
en cuenta los
procesos internos
a través de los cuales se origina: el niño, necesitando
desesperadamentesentirse protegido y querido por sus padres, prefiere
pensar que él
es malo
«...tomando sobre
sí el peso de la maldad que parece residir en sus objetos. De
esta
manera busca exculpar a ellos de sumaldad; y, en la medida en que tiene
éxito en ello, es recompensado por el sentimiento de seguridad
que
unambiente de buenos objetos provee de manera tan
característica»
(Fairbairn, 1943). Esto es realizado através de un proceso
complejo
que Fairbairn denomina "defensa moral". El niño, sintiendo que
él
es el malo y no que sus padres son sádicos,
o que no le quieren, puede mantener la ilusión de ejercer
un cierto
control omnipotente
sobre la realidad: "Si me porto bien... si no soy malo...entonces,
me querrán,
no me
castigarán". De esta manera el sentirse culpable se ha
convertido
en una
defensa, en un medio
ilusorio de recapturar un sentimiento de controlsobre el curso de los acontecimientos, en
una estrategia mental inconsciente para encarar situaciones que
aparecen
como
traumáticas para el psiquismo. Por otra lado, la culpa como
recurso defensivo para aplacar al
objeto, para congraciarse, a través de la autoacusación,
con aquél
frente al que
se está aterrorizado es algo que no sólo funciona a nivel
individual sino también colectivo. Ciertas experiencias
históricas
-los flagelantes de la edad media, por ejemplo- lo testimonian.
Ahora bien, la
culpa produce
depresión no sólo porque haga sentir indigno al sujeto,
o porque
no satisfaga
una
imagen ideal de bondad con la cual el sujeto desea identificarse, o
porque
genere dolor por el sufrimiento del sujeto, sino, también,
porque
puede activar conductas
masoquistas de
sometimiento a objetos patológicos, de autoprivaciones, de
autocastigos,
que terminan por hacer sentir impotente al sujeto para la
realización
de su
deseo. Es a
través
del circuito del masoquismo, por las consecuencias que éste
origina,
que la
culpa participa
como
factor relevante en la producción de depresión.
Pero el
masoquismo constituye
una condición compleja en que la culpa es sólo uno de los
factores que lo determina. En otras palabras, e ilustrando el proceso
de
articulación de componentes que constituyeel hilo rector de esta
exposicion, el sentimiento de culpabilidad, con orígenes
muy
diversos, podrá o no articularse con el masoquismo. Por lo que
resulta
necesario es mostrar la génesis de la culpabilidad y del
masoquismo,
los factores y los caminos por los que
surgen
una y otro, y las formas de articulación entre ambos, no
reduciendo el uno a
la otra
o viceversa.
3)
A la depresión desde los trastornos narcisistas
A pesar que la
agresividad y
la culpa han ocupado un lugar preeminente en la literatura
psicoanalítica
sobre la depresión, varios autores han cuestionado que sean
componentes
indispensables para todos los tipos de depresión (Bibring, 1953;
Haynal, 1977; Jacobson, 1971; Kohut 1971, 1977,
1979, 1984). Kohut ha insistido en la existencia de
depresiones en las cuales la culpa no
forma parte del trastorno, siendo, más bien, los sentimientos
de frustración
en el
logro de aspiraciones narcisistas lo que constituiría el
núcleo
de la depresión. Kohut resumió, metafóricamente,
la
diferencia entre el sufrimiento por culpa y el narcisista
bajo su
formulación
de que existen, por un lado, el "hombre culpable" y, por el otro, el
"hombre
trágico", con sentimientos de vacío, de falta de un self
cohesivo, de incapacidad de mantener un proyecto y una
identidad que le dote de vitalidad. Tolpin (1983), en un detallado
caso clínico
presenta
a un paciente cuyos estados depresivos no son debidos ni a
sentimientos de
culpa ni
a agresividad sino a déficit estructural por falla de los
objetos parentales en la formación
de un self cohesivo capaz de mantener la autoestima. Kernberg
(1975)
diferencia entre las depresiones en las cuales hay más
auténticos
sentimientos de culpa de las «Depresiones
que tienen más la cualidad de rabia impotente, de
impotencia-desesperanza
en conexión con la ruptura de un una autoimagen
idealizada...» (p.20). Lax (1989)
afirma que en las «depresiones narcisistas, los sentimientos
de vergüenza
y humillación
son los que predominan, más que los de culpa» ( p. 88). Lo
anterior nos obliga a hacer, por
lo menos, alguna precisión sobre la diferencia entre los
sentimientos de culpa y de vergüenza.
En relación con los sentimientos de vergüenza,
Rizzuto
(1991), en una amplia revisión
del tema en que discute cómo la vergüenza fue considerada
en
la literatura psicoanalítica, concluye que «...la
vergüenza
está relacionada con la autoevaluación (yo
y superyó) de no ser merecedor de una respuesta afectiva
deseada...». Con "respuesta afectiva
deseada" se refiere a cómose anhela que el otro responda ante
posibles
méritos del sujeto. Esta concepción de Rizutto de ligar
la
vergüenza al narcisismo y, más
específicamente,
a la falla en alcanzar las metas fijadas por el ideal del yo,
está dentro de la línea
desarrollada por otros autores (Broucek, 1991; Lewis, 1987;
Morrison, 1989; Sandler y col., 1963;
Wachtel,1987; Wurmser, 1987). Hay una dimensión que es
esencial en el
sentimiento
de vergüenza: la presencia, real o fantaseada, de un otro
significativo que
sería
testigo de las fallas del sujeto. Es diferente sentirse inferior
-el superyó
critica-
que sentir que un otro observa también esa inferioridad. Que en
el caso de la vergüenza no se
trata de una simple proyección de la propia crítica del
superyó
sobre el otro lo prueba la falta
de vergüenza que todo sujeto posee frente a sus funciones
excrementicias
cuando se
halla en soledad y en cambio el embarazo que le embarga
cuando es observado
o imagina
que puede serlo. Por tanto, la vergüenza, es angustia narcisista
en la intersubjetividad, y no mero sentimiento de inferioridad por
tensión
entre el ideal del
yo
y una cierta representación del sujeto. Es decir, que la culpa
y la vergüenza se diferencian no sólo por el tema
-preocupación
por la valía del sujeto en la vergüenza versus
preocupación
por el estado del otro e identificación con el sufrimiento
de éste
en la culpa-
sino, también por la estructura en juego: en la culpa se trata
de
un puro conflicto intrapsíquico;
en la vergüenza interviene o la presencia real del otro o la
anticipación
fantaseada
de la presencia que sería testigo de la poca valía del
sujeto.
Al sentimiento de
culpa podrá
agregársele el de vergüenza cuando se fantasea que un otro
constata también la acción punible y mira al sujeto con
desprecio.
En las culturas en que la agresividad es fuertemente condenada una
persona
podrá sentirse culpable si atacó a alguien y,
además,
sentir vergüenza al estar en juego su valía mirada por los
otros que lo consideran malo.
Observemos,
también,
que cuando el sujeto siente que dañó al otro podrá
sentir culpa si su preocupación es básicamente por el
bienestar
del otro, culpa persecutoria si teme ser castigado por esa
acción,
y vergüenza si lo que predomina es el código narcisista en
que la consideración de su valía está por encima
de
cualquier otra consideración, representándose como
indigno.
Entrando ahora en
los trastornos
narcisistas, en la literatura psicoanalítica se suelen englobar
bajo esa denominación dos tipos de condiciones: por un lado,
aquellos
casos caracterizados por permanente baja
autoestima
o por la dificultad para mantener sostenidamente una
imagen valorizada
del sujeto,
lográndolo hacerlo por momentos pero requiriendo de
continuos
suministros externos
o de ofrendas de realización personal ante el superyó,
con
enorme oscilación en el balance de su autoestima (Gedo, 1979,
1981;
Gedo y Gehrie, 1993; Kohut, 1971, 1977; Sacks, 1991; Stolorow y
Lachmann,
1980). Por el otro, las personalidades que
despliegan
su omnipotencia, grandiosidad, denigración del objeto, y
que logran mantener
esa
grandiosidad en base a fuertes mecanismos de escisión
(Kernberg, 1975;
Rosenfeld,
1964).
El camino que
desde uno u
otro tipo de trastorno narcisista conduce a la depresión
también es diferente. Con
respecto
al primer grupo, caracterizado por una pobre representación del
sujeto, se puedellegar a la depresión de dos formas:
a)
Directamente,
porque la pobre representación del sujeto hace sentir que se es
impotente, incapaz de alcanzar el objeto del deseo, al que se da por
perdido;
la depresión es crónica, forma parte de la personalidad
b)
Indirectamente, por las
consecuencias que se derivan de las defensas puestas en juego. Por
ejemplo,
para no exponerse a situaciones que producen temor o vergüenza, la
persona se inhibe, renuncia a contactos interpersonales y a
experiencias
de aprendizaje, con el consiguiente empobrecimiento en el desarrollo de
funciones y recursos yoicos. Condición a la que se le debe de
agregar
la pérdida de oportunidades
en la vida
real para proveerse de las gratificaciones narcisistas que la
tambaleante
autoestima requiere -pareja, trabajo, etc. La secuencia trastorno
narcisista/
angustias persecutorias/ vergüenza/ evitación
fóbica/
déficits yoicos/ pérdidas en la realidad, concluyen en el
sentimientos de impotencia y desesperanza para la realización
del
deseo; por tanto, en depresión. La depresión es,
entonces,
secundaria a una fobia mutilante del sujeto, fobia que no deriva
primariamente
de un trastorno en la representación del objeto (amenazante)
sino
que tiene su causa en que el sujeto es representado como
minúsculo
frente a aquél.
Con respecto al
segundo grupo
de trastornos narcisistas -grandiosidad, omnipotencia,
denigración
del objeto, etc.-, la depresión no es crónica sino que
irrumpe
cuando colapsa una grandiosidad que había
servido para negar la realidad y las limitaciones personales. La
depresión
es consecuencia de los efectos del narcisismo destructivo sobre las
relaciones
interpersonales, la inserción en la realidad, o el cuidado de la
propia persona.
4)
Angustias persecutorias y depresión
Las angustias persecutorias -sean
el temor
al castigo del retiro de amor o a las distintas
formas de agresión verbal,
corporal,
etc.- son capaces de llevar a la depresión por el camino
indirecto
de las consecuencias que tienen sobre el funcionamiento mental:
perturban
las sublimaciones, el desarrollo cognitivo, las capacidades expresivas
emocionales y relacionales,
las habilidades
instrumentales
en la relación con la realidad, el propio sentido de realidad. Las defensas que se
activan
para disminuir las angustias persecutorias -agresividad,
evitación
fóbica, rituales obsesivos, masoquismo, y otros trastornos
caracterológicos-
limitan seriamente las capacidades del sujeto, paralizándole,
haciéndole sentir
impotente para dominar no
sólo
la realidad y la relación con los otros significativos
sino, también, su propia
mente
-rumiaciones obsesivas, angustias hipocondríacas, etc.
Para proveer una ilustración:
el
circuito angustias
persecutorias Þ evitación
fóbica Þ inhibición Þ fracaso
en logros narcisistas Þ deterioro de la
representación
del self Þ
depresión,
nos da ya una indicación del papel que las angustias
persecutorias
tienen en la
determinación de
algunas
depresiones.
5)
El papel de la identificación en la depresión
La identificación,
además
de intervenir como factor indirecto en la génesis de la
depresión
al entrar como elemento
estructurante
para cada uno de los factores por las cuales se
puede llegar a la depresión,
lo
hace también de una manera directa: la identificación
con
padres depresivos es
condición
importante en la organización del carácter depresivo. La
representación del sujeto como impotente para realizar lo
deseado
puede tener su origen
en la identificación con un
otro
significativo quien, a su vez, se sintió impotente. Hay
personas criadas desde su más
temprana
infancia bajo mensajes, transmitidos a través de
mil formas, inconscientes y
conscientes,
del tipo "nosotros no podemos" o "jamás lo conseguiremos", lo
que
va siendo incorporado por el sujeto como una concepción de
fondo
que impregna todos sus deseos,
haciéndoselos
vivir anticipadamente como imposibles.
Renuncia antes de intentar porque da
por
descontado el resultado negativo.
Respecto al poder
depresógeno que
pueden desempeñar padres depresivos, esto no se
limita a la bien documentada
correlación
entre depresión parental y depresión filial, o a las
consecuencias
de la falta de respuesta adecuada que los padres depresivos tienen
para
las necesidades emocionales de sus
hijos,
ni a la atmósfera de tristeza y culpa que generan.
A estas condiciones debemos
agregar
la identificación del niño, como rasgo
caracterológico, con la
depresión
parental. Refiriéndose a esta cuestión, Anna Freud
(1965) afirmó: "Lo que sucede
es
que tales niños alcanzan su sentimiento de unidad con
su madre depresiva no mediante
logros
evolutivos sino mediante el reproducir en ellos el
estado de ánimo de la
madre"
Pero el papel de la
identificación
no queda restringida a intervenir en la construcción de la
representación
del sujeto; también lo hace en cuanto a la representación
de la realidad.
Las fantasías de los padres
sobre
la realidad, el hecho que vean a ésta como
intrínsecamente frustrante,
abrumadora
o, por el contrario, como proveedora de placer,
establece la forma en que
inconscientemente
el hijo/a se aproximará a ella, lo que
esperará de esa realidad. Los
estudios
sobre análisis simultáneos de padres y sus hijos
realizados
en la Hamsted Child Therapy Clinic (Inglaterra), por dos analistas
diferentes
que no se comunicaban los resultados
para
no interferir en los respectivos análisis -había
un tercero que actuaba relacionando
los
hallazgos- dan apoyo a la idea de que las
fantasías parentales
influencian
la estructura del mundo emocional del niño pequeño).
Así como hay una "culpa
prestada"
(Freud, 1923), también puede existir un "sentimiento
de impotencia y desesperanza
prestada",
por identificación con padres que así se sienten.
El sentimiento de impotencia
puede tener
su origen en una condición diferente a la anterior:
la persona no se identifica con el
otro
sino con la imagen que el otro tiene de ella:
inoculación, por parte del
otro
significativo, de una representación del sujeto en la que
se
ve como incapaz, débil,
defectuosa.
No es el caso de explayarnos en ejemplificaciones
pero basta con pensar en padres que
transmitan
"Déjamelo a mí, tú no puedes", para
ir viendo cómo se genera en
el
sujeto dependiente una identidad de impotente.
6)
Déficits yoicos: conflicto, identificación, simbiosis
El sentimiento de impotencia para
la realización
del deseo puede ser la consecuencia de
un déficit real -no puramente
un
trastorno de la representación del sujeto- de recursos
yoicos: capacidades cognitivas,
expresivas,
de captación de los estados emocionales
propios y de los demás,
instrumentales
de organización del tiempo y de los múltiples
aspectos de la realidad, de
habilidades
para iniciar y mantener relaciones interpersonales,
etc. El psicoanálisis
mostró
cómo el conflicto es capaz de perturbar profundamente el
funcionamiento
yoico. También, a través de su estudio sobre papel de la
identificación en
la estructuración del
psiquismo,
dejó el camino abierto para estudiar los déficits yoicos
que tienen a la identificación como causa: hay déficits
por
identificación con padres que lo
presentan, pues nadie puede
incorporar
de los personajes significativos aquello que éstos
no poseen.
Además de los conflictos
que producen
déficits yoicos, o la identificación con figuras
parentales con déficits,
ciertas
simbiosis con un objeto significativo que usurpa funciones
yoicas determina que éstas no
se
desarrollen. El yo, que se desarrolla en base a
posibilidades madurativas pero
también
a las identificaciones y a las interacciones con un
otro que permite el ejercicio de
funciones,
puede quedar mutilado si hay un trastorno
en cualquiera de estas tres
dimensiones.
7)
La realidad externa traumática y la depresión
No cabe duda que el
acontecimiento vivido
adquiere siempre su significación merced a la fantasía
desde
el cual se lo capta y, a su vez, la fantasía no surge
exclusivamente
por pura generación intrapsíquica sino que hacen su
contribución
a ella los discursos parentales conscientes e inconscientes; más
específicamente, las fantasías inconscientes de los
padres. Proceso de continua ida y
vuelta,
de asimilación de lo externo por lo interno y de
acomodación
de lo interno a lo externo. Pero aunque la realidad exterior es
mediatizada
por la interna, existen situaciones
en
que aquélla resulta apabullante, jugando un papel
central para la creación del
sentimiento
de desesperanza e impotencia. Las situaciones
de sometimiento prolongado, sobre
todo
en las etapas tempranas de la vida -aunque para
nada restringidas a éstas- a
personas
patológicas, sádicas y tiránicas, a
enfermedades
serias e invalidantes, a condiciones
de
abandono o desarraigo, a las mil formas del dolor
físico o psíquico, se
incorporan
en el psiquismo como sentimiento de fondo que hace
sentir a la persona que nada puede
hacer
frente a la realidad, vivida así como
abrumadora). En consecuencia,
cualquier
esquema generativo que tratase de dar cuenta
de la depresión
quedaría
carente de algo esencial sino se incluyera el papel que
desempeña la historia real
del
sujeto, entendiéndose por historia real tanto los sucesos
que le ha tocado vivir como los
aportes
externos a la construcción de la fantasía
inconsciente, como por ejemplo la
historia
de las identificaciones con las fantasías
inconscientes de los padres.
8)
Transformaciones entre los distintos circuitos
que
conducen a la depresión
Aunque se puede llegar a la
depresión
a través de cualquiera de los circuitos
mencionados, de forma independiente,
siguiendo
las encadenamientos de procesos
propios de cada uno es posible que
estos
circuitos se articulen, que es lo que ilustra el
diagrama adjunto, debemos
diferenciar
dos modalidades diferentes de articulación:
a) Como una serie
complementaria,
cuyos componentes sobredeterminan a la depresión; es decir, la
depresión
como el resultado de la participación simultánea
de varios factores.
b) Como una serie secuencial en
la cual
un circuito produce consecuencias y movimientos defensivos, los cuales,
en un paso ulterior, activan otro circuito o grupo de circuitos, lo
que,
a su vez, activa a otros, que pueden retroactuar sobre los precedentes.
Una sucesión de pasos y circuitos que finalmente conducen a la
depresión.
Ilustremos esta sucesión de eslabones y transformaciones
mencionando algunas pocas
posibilidades
(la bidereccionalidad de las flechas en
el diagrama muestra las
múltiples
secuencias posibles de la articulación entre circuitos).
Un trastorno narcisista, y dentro de
éstos
el perteneciente al subtipo en que el elemento
central es la pobre
representación
del self , que de por sí bastaría para podría
producir
depresión -el sujeto se
siente
no valioso, inferior-, es dable que conduzca a ésta a
través
de otros circuitos. Por ejemplo,
para
intentar contrarrestar el sufrimiento narcisista dado
por la pobre representación
de
sí, y sin que todavía haya depresión, se ponen en
marcha
deseos agresivos destinados a
cuestionar
a los otros frente a los cuales el sujeto se siente inferior o que
tienen
como finalidad intentar dotar al sujeto de un sentimiento de
potencia
y de valía a través de
verse
como temido por los demás -"mejor malo y destructivo, es
decir poderoso, que débil,
inferior".
Con lo cual el movimiento psíquico pasa ahora a
transcurrir por las vías que
la
agresividad impulsa, con todas las consecuencias que ésta
implica, entre ellas la
depresión,
como vimos en el apartado agresividad/depresión.
Pero si, a partir del circuito de
la agresividad,
sea por proyección o por respuesta
retaliativa en la realidad por parte
del
objeto externo agredido, se llegase a activar el
circuito de las angustias
persecutorias
la llegada a la depresión podrá sobrevenir por las
consecuencias
que ese tipo de angustia acarrea.
O si la agresividad da lugar no a
sentir
al mundo como peligroso sino a que sea el sujeto
quien se represente a sí
mismo
como peligroso y dañino para con sus objetos, al activarse
el circuito de la culpa, con sus
consecuencias
de renuncia o de autocastigo masoquista, entonces serán
éstas
las vías privilegiadas por las que se encaminara el proceso
psíquico
hacia la depresión.
En otros términos, algo
que comenzó
por el lado de una pobre representación del sujeto,
al articularse con la agresividad
hace
que el camino hacia la depresión ya no sea el que
derivaría de la primera sino
de
las sucesivas articulaciones que la agresividad pudiera ir
estableciendo
-ninguna obligada- con otros componentes, los que tampoco existen
como
componentes obligados, universales,
en
todo sujeto. Por otra parte, un trastorno narcisista
en el subtipo pobre
representación
del self puede incidir en la producción de déficits
yoicos, los que como
señalamos
antes inician una vía propia hacia el sentimiento de
impotencia y desesperanza que se
manifiesta
como depresión.
Tomemos otro de los sectores del
diagrama,
el correspondiente a la identificación: cuando
ésta tiene lugar con padres
en
quienes domina el sentimiento de impotencia, ello puede
hacer sentir al sujeto que todos son
más
poderosos que él, llevándole a temer a las figuras
externas,
a renunciar a competir no por masoquismo moral sino por angustias
persecutorias. Se activa entonces el
circuito
de éstas, las que pueden conducir a la
depresión.
9)
Utilidad del modelo modular de articulación de componentes
No es posible detenerse
más en recorrer
todos los sectores del modelo modular
presentado para los trastornos
depresivos
ni las múltiples interrelaciones entre todos ellos.
Lo que se desea resultar es la
ventaja
de conceptualizar de este modo las fuerzas que
actúan en la génesis y
mantenimiento
de las depresiones, ya que permiten entender a las
mismas en términos de
procesos,
no de categorías estancas, posibilitando penetrar en la
descripción
de cómo se pasa de un estado a otro, de las razones
dinámicas
de esas transformaciones, de los circuitos que se articulan para llegar
a las mismas, y para
sostenerlas en el presente. El mapa
general
de las depresiones (diagrama) no debe ser
entendido exclusivamente en una
dimensión
histórico-biográfica, es decir, como circuitos
que se fueron encadenando en el
pasado,
sino también, y esencialmente, como
describiendo procesos actuales que
mantienen
las condiciones generadoras de
depresión. Esta resulta de un
continuo
proceso de construcción: la persona no sólo se
representa a sí misma como
impotente
por causa de una representación del pasado
congelada en el psiquismo
-ésta
es una parte-, sino que las reglas bajo las que funciona
su psiquismo le conducen, una y otra
vez,
a la reproducción del sentimiento de impotencia
y desesperanza.
Un modelo general de los cuadros
depresivos
en términos de articulación de circuitos
ayuda a entender los mecanismos que
subyacen
a lo que de otra manera aparecería simplemente como
categorías
de una taxonomía en función de las circunstancias o
acontecimientos
que desencadenarían las depresiones. Si ciertas circunstancias o
acontecimientos vitales -muerte de un ser querido, pérdida de
empleo,
enfermedad, etc.-
pueden generar un cuadro depresivo
es,
precisamente, porque son capaces de activar
algunos de los circuitos que en el
esquema
presentado conducen a la depresión.
Igualmente, si la familia o el
entorno
social más amplio pueden contribuir a la génesis
de la depresión es porque
actúan
a través de los caminos que vamos describiendo.
No basta afirmar que la familia o
las
condiciones de vida son capaces de producir
depresión. Resulta necesario
afinar
la comprensión y descripción pormenorizada de
cómo
se ejerce esa influencia.
Además, este esquema
integrado de
los componentes en juego permite ubicar los
sectores dentro de los cuales
distintos
autores han estudiado el fenómeno depresivo. Así,
por ejemplo, Abraham primero y luego
M.
Klein centraron su análisis de la depresión en la
relación
agresión-culpa-depresión. Dentro de ese sector, hicieron
indudables aportes,
pero las aplicaciones
clínicas
de sus descubrimientos corren el riesgo de convertirse en
reduccionistas
si otros factores no son también tomados en cuenta. Esto no
significa
que
sus investigaciones sean
prescindibles,
pues gracias a ellas tenemos una parte del mapa
global. Tomemos a otro autor, Kohut,
quien
ha trabajado con riqueza clínica un subsector
de depresiones narcisistas,
describiendo
las vicisitudes de la relación con los objetos-del
-self, aunque subestimando el papel
que
la agresividad, la culpa, la angustia persecutoria
y, sobre todo, el conflicto
desempeñan
en su génesis.
¿Qué muestra esto?
Que en
autores que son importantes, autores a los que debemos
mucho, hay un cierto predominio del
pensamiento
monocausal: búsqueda de una causa
única, fundante, elevada al
papel
de condición suficiente. Respecto a la necesidad de
diferenciar subtipos de
depresión,
en " Duelo y melancolía" Freud tuvo la cautela de
especificar que el mecanismo que
describía
-la introyección de la agresividad-
correspondía a un tipo dentro
del
amplio campo de los trastornos depresivos, pero que
habría otros a tener en
consideración:
«Estas elucidaciones plantean un interrogantes: si
una pérdida del yo sin
miramiento
por el objeto (una afrenta del yo puramente narcisista)
no basta para producir el cuadro de
la
melancolía, y si un empobrecimiento de la libido
yoica, provocado directamente por
toxinas,
no puede generar ciertas formas de la
afección» (p. 250).
Dentro
de igual orientación, en cuanto a mostrar la multiplicidad
de
subtipos de depresión, se
encuentran
los trabajos de Jacobson (1971), o la diferenciación,
con consecuencias para la terapia,
que
Blatt realiza. Este autor ha desarrollado toda una
línea de trabajo en que
estudia
la dependencia afectiva con respecto al objeto externo
versus la dependencia frente al
superyó
como dos subtipos que, si bien puede
presentarse como componentes que se
mezclan,
no es infrecuente que en un sujeto
predomine uno de ellos. A aquellas
personas
para quienes lo que cuenta es satisfacer
al superyó, Blatt las
denominó
"introyectivas" y a las que dependen del objeto externo,
"anaclíticas".
Lo que Blatt intenta mostrar es que los dos subtipos son sensibles
a
diferentes acontecimientos, padecen
diferentes
subtipos de depresión y responden
también diferencialmente de
acuerdo
a la modalidad de psicoterapia que se emplee con
ellos. Aquellos para quienes lo que
cuenta
es su propio superyó y que se guían por el
logro de metas de realización
personal
juzgadas desde parámetros internos, siendo las
relaciones interpersonales
secundarias
en sus vidas, la depresión se produce cuando
fallan en conseguir los objetivos
buscados
fijados por el superyó, sean tanto de
perfección moral como de
cumplimiento
de ambiciones en la realidad externa. En
cambio, los sujetos dependientes del
objeto
externo, que viven de las vicisitudes de las
pruebas de amor que éste
pueda
brindar o privar, será la pérdida del objeto amoroso la
condición
a la que reaccionarán con enorme sensibilidad. Para enfatizar
las
diferencias:
por un lado el sujeto que no le
importa
qué es lo que pasa con su familia, que incluso se
desentiende de ésta, pero que
resulta
vulnerable a la constatación de que cometió un
error que su superyó
perfeccionista
considera testimonio de inferioridad. Por el otro, el
"anaclítico",
en los términos de Blatt, para quien si el objeto de amor le
manifiesta
su
afecto todo está perfecto,
independientemente
de cualquier otra dimensión de
realización personal.
Blatt concluye que los
"introyectivos"
al depender del superyó no se beneficiarán de la
psicoterapia
de apoyo: el afecto del terapeuta no representa nada para ellos
mientras
su
superyó no les apruebe.
Más
aún, el apoyo les humillas y profundiza en la depresión
pues
les hace sentir que están
necesitados
de él. Solamente el análisis del conflicto
psíquico,
del superyó exigente o
sádico,
es capaz de producir un cambio. En cambio, los sujetos dependientes del
objeto externo se rehacen rápidamente en la transferencia, se
"curan"
de su depresión
rápidamente
por el amor de transferencia, lo que les permite compensar
en el vínculo
terapéutico
la pérdida del objeto de amor que es la que les condujo a
la
búsqueda del
tratamiento.
Jacobson (1971)
enfatizó
que lo que distingue a la depresión neurótica de la
psicótica
y de la que presentan las
personalidades
borderline no es un problema del contenido
temático sino de las
características
estructurales de sus componentes: el nivel del
desarrollo del yo y del
superyó,
su grado de integración y la mayor o menor tendencia
hacia la regresión y
fragmentación;
la tendencia a que el superyó asuma excesivo
control sobre el yo, o a
desintegrarse
y fusionarse con las representaciones del objeto o
del self; el grado de fusión
patológica
entre las representaciones del objeto y del self; las pulsiones
-agresiva
y libidinal- dirigidas a las representaciones del self y del objeto;
los
mecanismos de defensa implicados.
Por
otra parte, siguiendo a Freud, afirma
reiteradamente su convicción
acerca
de la importancia de los factores biológicos en las depresiones
psicóticas. Kernberg (1975, 1992) adopta, también un
enfoque
estructural
más que sintomático
para
diferenciar las depresiones que se encuentran en los cuadros
borderline,
en la psicosis, y en otros trastornos caracterológicos como el
masoquismo,
otorgando un papel central a la
agresividad.
|