El enfoque Modular-Transformacional
Un modelo integrador en  psicoterapia

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La aplicación del enfoque "Modular-Transformacional" a la clínica conduce a una  reformulación de la psicopatología: en vez de una nosología basada en entidades  estancas, separadas las unas de las otras, se describen los cuadros psicopatológicos  y sus subtipos como el resultado de la articulación de componentes, cada uno con su  historia generativa y, sobre todo, las transformaciones de estos componentes en el  proceso de articulación.  De esta manera, resulta factible un diagnóstico que: 
  • Recoja la diversidad de dimensiones aportadas por el psicoanálisis a la clínica y permita dar cuenta de lacomplejidad de rasgos de carácter y psicopatológicos que producen el perfil particular de cada paciente. 
  • Muestre el camino (los pasos sucesivos en el procesamiento psíquico) que  conducen a ese cuadro en particular, así como las transformaciones de unas  estructuras psicopatológicas en otras.
A modo de ejemplificación, y para mostrar las posibilidades que abre un enfoque  "Modular-Transformacional" para la clínica, se examinarán las múltiples vías por las  cuales se pueden generar los estados depresivos, lo que permite diferenciar subtipos  y encarar formas terapéuticas que les sean específicas. Concepción de los trastornos  depresivos que cuestiona las hipótesis sobre su origen en las que se consideran una o  unas pocas condiciones como causa de los mismos.
 
[Lo que sigue es un resumen de algunos aspectos abordados en el trabajo: Hugo Bleichmar ( 1996). Some Subtypes of depresion and their implications for psychoanalytic therapy,  "International Journal of Psychoanalysis", vol. 77, pp. 935-961, así como en el libro "Avances en Psicoterapia Psicoanalitica. Hacia una técnica de intervenciones específicas". ]


Ver
: Bleichmar, HAlgunos subtipos de depresión, sus interrelaciones y consecuencias para el tratamiento psicoanalítico. Conferencia de Investigación Joseph Sandler, Londres, Marzo 2003  (Aperturas Psicoanalíticas, No. 14 Julio 2003)

Diferentes caminos de entrada a la depresión


Es posible diferenciar subtipos de depresión no sólo por la sintomatología sino por  las causas que la determinaron y la mantienen en la actualidad. Esto permite diseñar formas de intervención específicas para cada subtipo.

    1) A la depresión por acción de la agresividad.
        a) Desgaste, deterioro del objeto externo en tanto valorizado.
        b) Agresividad actuada contra el objeto externo real.
        c) Agresividad dirigida contra el propio sujeto.

    2) Desde los sentimientos de culpa a la depresión.
        a) Culpa debida a la cualidad de los deseos inconscientes.
        b) Culpa por la codificación que se hace de los impulsos y deseos.
        c) Culpa por identificación.
        d) Culpa defensiva.

    3) A la depresión desde los trastornos narcisistas.

    4) Desde lo sentimientos de persecución a la depresión.

    5) El papel de la identificación en la depresión.

    6) Déficits yoicos: conflicto, identificación, simbiosis.

    7) La realidad externa traumática y la depresión.

    8) Transformaciones entre los distintos circuitos que conducen a la 
    depresión.

    9) Utilidad del modelo modular de articulación de componentes.

Diferentes caminos de entrada a la depresión 

Si la impotencia y la desesperanza para la realización de un deseo significativo  al cual el sujeto está intensamente fijado constituye el núcleo común de todo estado depresivo, se puede llegar a ese estado por múltiples caminos, ninguno de  los cuales es condición obligada.
El diagrama adjunto (simplificado respecto al publicado en Avances en Psicoterapia  Psicoanalítica) intenta daruna primera aproximación para la comprensión de las  varias vías que conducen a la depresión, mostrando interrelaciones entre distintas  condiciones causales.

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Se incluyen varios sectores -trastorno narcisista, agresividad, angustias  persecutorias, déficit yoico, realidad traumática, masoquismo, culpa, etc.-, que, a  su vez, podrían representarse cada uno de ellos ocupando el centro de un  diagrama sectorial en que se mostrase cómo se generan. La bidireccionalidad de  las flechas indican la complejidad de las influencias entre los sectores.



1) A la depresión por acción de la agresividad

La relación entre agresividad y depresión ha sido largamente estudiada en psicoanálisis,  no existiendo, sinembargo, acuerdo acerca de qué papel desempeña la primera en la  causación de la segunda ni de la direccionalidad del proceso causal entre ambas. Las posiciones al respecto las podemos enmarcar dentro de las siguientes líneas:

a) La agresividad como una condición universalmente presente en toda depresión, y causabásica de la misma. -M. Klein, como representante más radical dentro de esta línea.

b) La agresividad como causa que no se puede dejar fuera de la comprensión de la depresión pero que es parte de un proceso: frustración que produce rabia, seguida por intentos hostiles para obtener la gratificación deseada. Luego, cuando el sujeto es incapaz -por razones externas o internas- para alcanzar las metas anheladas, la agresividad es dirigida en contra de la representación del sujeto, con la consiguiente  pérdida de autoestima (Jacobson, 1971, p. 183).

c) La agresividad puede no jugar papel alguno en el origen de la depresión, siendo lo central el descenso de la autoestima (Bibring, 1953).

d) La agresividad como fenómeno secundario, derivado, pues cuando existe sería 
la respuesta a la falla del objeto externo que provoca dolor y rabia narcisista (Kohut, 1972, 1977).

Lo que resulta necesario entender es cómo y por qué las distintas formas de agresividad  son capaces de provocar desesperanza e impotencia para la realización del deseo. Diferenciaremos, a los fines expositivos, ya que frecuentemente están asociados, los  efectos que para el sujeto tiene la agresividad cuando recae sobre la representación del  otro o sobre la representación del sujeto, por un lado, de los efectos que posee cuando el 
deseo agresivo es actuado sobre el otro externo real o cuando se dirige contra el  funcionamiento del sujeto, o sea, no simplemente contra la representación del sujeto sino  contra sus funciones mentales o corporales. 

1a) Desgaste, deterioro del objeto en tanto valorizado 

Abraham (1924) planteó que la agresividad destruye al objeto, describiendo las fantasías 
de ataque oral y anal que determinan que el sujeto sienta que destrozó, arruinó, mató y 
aniquiló al objeto, por lo cual experimentaría culpa. Con todo, es indispensable una 
matización: si al objeto se lo pierde es, sobre todo, porque al desgastárselo internamente mediante la crítica corrosiva y la desvalorización -impulsadas por la agresividad- se lo  pierde en tanto objeto valorizado. En este sentido, nada más apropiado que la  expresión "destrucción del objeto" no porque la persona fantasee con su destrucción física  bajo las mil formas del sadismo -puede o no hacerlo-, sino porque la descalificación 
destruye al objeto como estimulante, lo que es indispensable para sostener el narcisismo 
del sujeto. Es un proceso similar al que tiene lugar en aquellas personas que atacan continuamente por rivalidad o envidia a todo lo que les rodea: nada les resulta valioso, ni personas, ni instituciones, ni actividades; ningún proyecto queda libre del cuestionamiento,  de la denigración. Ataque y destrucción del objeto que conduce a un mundo vacío de objetos  valiosos y estimulantes, mundo que es comparado por el sujeto con un mundo imaginario poblado de objetos idealizados que se sienten, en consecuencia, como inalcanzables. En algunos casos, la denigración/destrucción de los objetos llega a ser tan generalizada que  nada es apetecible, quedando como único deseo, dolorosamente sentido, el de encontrar  algo que saque del aburrimiento y la apatía. 

Agresividad en contra del objeto que podemos particularizar aún más: si está dirigida en  contra de un objeto que es una "posesión narcisista" o si recae sobre el "objeto de la  actividad narcisista".  Es la diferencia introducida por Bleichmar, H.  (1981) en el estudio  sobre el narcisismo en el que se caracterizan a las "posesiones narcisistas" como todo aquello (personas o cosas) con lo que se mantiene una relación tal que el mérito o las fallas  del objeto en cuestión recaen sobre la representación del sujeto. Es, por ejemplo, lo que  puede significar un hijo para sus padres en el momento en que recibe un premio o, por el contrario, cuando merece una condena social por cierta conducta considerada reprobable:  la valía del objeto se suma algebraicamente a la del propio sujeto. Constituyen una  "posesión narcisista" la casa, el automóvil, la colección de libros o pinturas o sellos etc. Es  una posesión narcisista el amigo que se exhibe ante los demás por ser famoso, rico o  exitoso: el sentimiento es de incremento de la autoestima, de fusión con la valoración que merece el otro. Igualmente constituye una posesión narcisista el grupo al que se pertenece  -partido, iglesia, movimiento ideológico, etc.- ya que el juicio de valor, negativo o positivo,  que se haga sobre el grupo recaerá sobre la persona. Con la posesión narcisista existe una identificación parcial, exclusivamente en una de sus dimensiones, la de su valía; por ello no  es necesario que sea una persona, pudiendo ser cualquier cosa u objeto material. 

El "objeto de la actividad narcisista", en cambio, es aquel que permite realizar una  actividad que otorga valoración narcisista al sujeto. Es el objeto-instrumento para una  actividad del sujeto que ha sido narcisísticamente catectizada, objeto sin el cual la actividad  o función no puede existir. Ejemplos: el cuerpo del otro que, además de proveer de placer erógeno, posibilita el goce narcisista de sentir que el sujeto posee la potencia de producir el placer de ese otro; o, el otro que escucha y responde, sin el cual el placer narcisista de hablar  y de comunicar es inexistente. De igual manera, el paciente y su cuerpo para el cirujano, o el piano y la música para el pianista; el alumno y la enseñanza para el profesor pues le  posibilitan a éste que se despliegue una habilidad -conocimiento, capacidad pedagógica, discursiva, etc.- que le otorga valía; el juego y el contrincante para un deportista; el automóvil  para un corredor de carreras; el hijo para el padre o la madre, cuando la paternidad y la maternidad son actividades narcisistas que testimoniarían de la valía del sujeto por su 
capacidad para desempeñarlas. Son objetos de la actividad narcisista cualquier oficio o profesión o actividad -y las personas y objetos que constituyen parte constitutiva de éstas-  que permiten que una función dotada de valor narcisista, corporal o intelectual, se realice. El objeto de la actividad narcisista desempeña, en cuanto a las funciones del sujeto, captadas desde el código narcisista, un papel equivalente al que tiene el objeto de la pulsión: permite  que alcance su meta. Si el narcisismo es para el ser humano una fuerza motivacional tan importante como lo es la sexualidad de las zonas erógenas, también posee como ésta sus objetos específicos, a los que cada persona queda fijada. La ausencia de los objetos de la actividad narcisista explica el desequilibrio profundo que se produce en algunas personas durante los fines de semana o las vacaciones. 

Si se ataca a estos objetos de la actividad narcisista -ej.: personas que denigran su trabajo  o profesión a la que pertenecen en cuanto a la falta de importancia que tendría, o por las condiciones en que se desarrollan, o por la escasa recompensa material que otorga-, todos  esos ataques terminan por hacer sentir al sujeto impotente para la realización de un deseo narcisista de logro personal que depende de esos objetos. La propia profesión o actividad  aparece como no valiosa en contraste con otras que quedan investidas como objetos 
idealizados inalcanzables, dando lugar a la insatisfacible carga de anhelo mencionada por  Freud en "Inhibición, síntoma y angustia". Es la depresión crónica que produce la  permanencia en cualquier trabajo al que se descalifique y que pasa a realizarse burocráticamente. Todo ataque o descalificación a los objetos de laactividad narcisista  deja un vacío en el sujeto para la puesta en actividad de las funciones que dependiendo de 
ese objeto contribuyen a sostener no sólo la autoestima sino, también, los diferentes niveles  de organización del psiquismo. 

1b) Agresividad actuada contra el objeto externo real

Si la persona no sólo ataca la representación de los objetos dentro de él (objeto interno),  sino que actúa la agresividad en el mundo externo, destruyendo relaciones familiares y de amistad, relaciones l laborales, oportunidades en la vida real, todo ello desemboca en  situaciones de deterioro, de impotencia para la realización de deseos de amor, de  reconocimiento, de logros en el mundo externo. La depresión es, en estos casos, el  resultado de un fracaso en la creación de condiciones que permitan la realización de  deseos que son centrales para la persona. Es lo que se observa con aquellas personas  que pasan gran parte de su vida atacando lo que en su negación omnipotente consideran  que continuamente podrán recuperar, para después, a cierta edad, cuando la realidad  impide el mantenimiento de las ilusiones defensivas, sentir todo como irremediablemente perdido. 

1c) Agresividad dirigida contra el propio sujeto

La persona está siempre en relación consigo mismo, actuando y observándose,  actuando y reaccionando ante su actuación. Así como con una figura externa se puede  tener una actitud básica de amor, de aceptación, en cuyo caso todo lo que aquélla hace  es considerado con buenos ojos, o, por el contrario, de hostilidad, de igual manera en la  relación que la persona tiene consigo mismo la actitud de base puede ser de amor o de 
odio. En este último caso, ante la menor frustración el sujeto se castiga, siendo la  hostilidad consigo mismo la que va creando, en cada situación, el argumento que se usa  para ir atacándose. Será esta hostilidad la que guiará, tendenciosamente, las exigencias  que se irán planteando al sujeto. Se elevarán los ideales o se denigrará al propio sujeto  -a su representación- de modo que la brecha entre ambos se mantenga siempre abierta. 

La agresividad bajo la forma de continua autocrítica no sólo deteriora la representación  del self sino que también ejerce un impacto negativo en el funcionamiento del self. El  sujeto, odiándose, consume sus energías en una guerra interna, ataca e inhibe a su yo  -produce déficits yoicos-, coartando cualquier movimiento hacia la realización de sus  deseos. La consecuencia: un sujeto empobrecido, incapaz de brindar sustento a su  autoestima. 


2) Culpa y depresión 

Los sentimientos de culpabilidad están sostenidos por una estructura de la fantasía en que podemos discernir varios componentes. En primer lugar, una doble identidad que el  sujeto atribuye al otro y a sí mismo. El otro es visto como un ser sufriente, infeliz,  necesitado, mientras que el sujeto se representa como estando en una posición más  favorable que el objeto, gozando o disponiendo de aquello que éste carecería. En segundo 
lugar, el sujeto se representa como infractor de ciertos mandatos superyoicos -no dañarás, no harás sufrir, protegerás, ayudarás, salvarás, harás feliz, no gozarás si el otro no  lo hace, etc. Mandatos que le hacen sentir en falta, tanto si provocó el sufrimiento del objeto  como si no lo ayuda a salir del mismo aunque él no haya sido el causante. En tercer término,  y esto es esencial, el sujeto tiene que identificarse con el sufrimiento del otro, sentir  como propio lo que le pasa, proyectar sobre el otro experiencias simbólicamente  equivalentes. Sin identificación y amor por el objeto no hay culpa aunque se cumplan las  dos condiciones mencionadas antes. 

En cuanto al origen de los sentimientos de culpabilidad, si seguimos a Freud, éste fue variando a lo largo de su obra su concepción acerca de cuáles son las condiciones que  generan los generan. Como sucede con otros temas, la complejidad del pensamiento  freudiano ha dado lugar a corrientes dentro del psicoanálisis que se apoyan en uno u otro  de sus desarrollos. En Freud, podríamos reconocer, por lo menos, las siguientes 
concepciones sobre el origen de la culpa: 

a) Culpa debida a la cualidad de los deseos inconscientes 

Desde sus primeros trabajos, Freud (Carta 71, 1897; 1909) consideró que el sentimiento de culpabilidad está dado por la existencia de ciertos deseos sexuales y hostiles que entran en contradicción con las representaciones prevalentes en el sujeto La culpa sería, de este modo,  la consecuencia natural, lógica, de la cualidad del deseo: dado que lo que se desea es transgresor, resultaría natural, no podría ser de otro modo, que la persona se sienta culpable. 

b) Culpa por la codificación que se hace de los impulsos y deseos 

Pero junto a esta concepción naturalista de la culpa,  Freud plantea una otra causa de la culpabilidad, que no depende ya de la cualidad del deseo o impulso sino de la codificación  que el sujeto haga de éstos. En "Introducción del Narcisismo" dice: «Las mismas  impresiones y vivencias, los mismos impulsos y mociones de deseo que un hombre tolera o  al menos procesa conscientemente, son desaprobados por otro con indignación total o ahogados ya antes que devengan conscientes. Ahora bien, es fácil expresar la diferencia  entre esos dos hombres, que contiene la condición de la represión, en términos que la teoría  de la libido puede dominar. Podemos decir que uno ha erigido en el interior de sí un ideal por  el cual mide su yo actual, mientras que en el otro falta esa formación de ideal» (Freud, 1914a,  p. 90). El eje de la explicación no reside ya en la cualidad del impulso o del deseo sino en  que el ideal y la instancia crítica evaluadora son diferentes en unos y otros. Cuando pocos  años después Freud formula la segunda tópica, esto implicará que de acuerdo a cómo se desarrolle el superyó -no igual en todos los sujetos-, se determinará que se sienta o no culpa. 

Aquí hay un cambio radical que tiene implicancias para el tratamiento: ya no se trata, como ocurriría aplicando la primera concepción sobre la causa de la culpabilidad, que cuando el analista descubre que su paciente tiene culpa inconsciente debe buscar exclusivamente los deseos reprimidos sino que, también, y centralmente, se preguntará acerca de las razones  por las cuales el superyó codifica como agresivo o dañino algo que otra persona no lo haría. El analista que tenga en cuenta el carácter codificador que el superyó hace de los deseos no 
le transmitirá al paciente la concepción "por tener esos deseos sientes culpa" sino que le  llevará a interrogarse porqué sus deseos son captados desde una perspectiva que le hace  sentir transgresor, cuáles fueron las condiciones que contribuyeron a construir un superyó con ciertos ideales tiránicos, una conciencia crítica severa,un sadismo del superyó en contra del  yo que busca cualquier coartada para atacar. 

c) Culpa por identificación 

Freud, en el cap. V de El Yo y el ello  (1923) afirma refiriéndose a la culpa inconsciente: «Una particular chance de influir sobre él se tiene cuando ese sentimiento icc de culpa es prestado, vale decir, el resultado de la identificación con otra persona que antaño fue objeto de una investidura erótica» . En este caso no es que la persona por sus deseos o por la codificación  que el superyó va haciendo de sus conductas llegue a la conclusión inconsciente de que es  malo, sino que se trata de una identidad básica global, la de ser malo, agresivo. La matriz inconsciente de que es malo generará representaciones en su conciencia de que hizo tal o  cual otra cosa inadecuada -no cuidó al objeto, le agravió, etc. Por tanto, una representación inconsciente del sujeto como dañinodesde la cual por pura deducción a partir de un prejuicio  se terminará concluyendo, en cada oportunidad, que se es malo, siendo lo que hace o  siente en esa ocasión la excusa que permite afirmar lo que se creía previamente. 

Estas tres concepciones de la culpa, que en Freud no se contraponen sino que se suman, sin embargo en distintas escuelas psicoanalíticas pasan a constituirse en las explicaciones que  se invocan de manera casi exclusiva. Encontramos así un espectro que va desde el polo que ocuparía la escuela kleiniana, en la cual cuando el analista detecta culpa inconsciente busca  el impulso agresivo reprimido o escindido y, en el otro polo, aquellos analistas que creen que  la culpabilidad es siempre el resultado de la inculpación por parte de la figura externa, considerando que el conflicto intrapsíquico juega un papel secundario -Kohut, por ejemplo. 

d) Culpa defensiva 

Fairbairn aportó una sofisticada explicación sobre el sentimiento de culpabilidad que toma 
en cuenta los procesos internos a través de los cuales se origina: el niño, necesitando desesperadamentesentirse protegido y querido por sus padres, prefiere pensar que él es  malo «...tomando sobre sí el peso de la maldad que parece residir en sus objetos. De esta manera busca exculpar a ellos de sumaldad; y, en la medida en que tiene éxito en ello, es recompensado por el sentimiento de seguridad que unambiente de buenos objetos provee  de manera tan característica» (Fairbairn, 1943). Esto es realizado através de un proceso complejo que Fairbairn denomina "defensa moral". El niño, sintiendo que él es el malo y no  que sus padres son sádicos, o que no le quieren, puede mantener la ilusión de ejercer un  cierto control omnipotente sobre la realidad: "Si me porto bien... si no soy malo...entonces,  me querrán, no me castigarán". De esta manera el sentirse culpable se ha convertido en  una defensa, en un medio ilusorio de recapturar un sentimiento de controlsobre el curso de los acontecimientos, en una estrategia mental inconsciente para encarar situaciones que aparecen como traumáticas para el psiquismo. Por otra lado, la culpa como recurso  defensivo para aplacar al objeto, para congraciarse, a través de la autoacusación, con  aquél frente al que se está aterrorizado es algo que no sólo funciona a nivel individual sino también colectivo. Ciertas experiencias históricas -los flagelantes de la edad media, por  ejemplo- lo testimonian. 

Ahora bien, la culpa produce depresión no sólo porque haga sentir indigno al sujeto, o  porque no satisfaga una imagen ideal de bondad con la cual el sujeto desea identificarse, o porque genere dolor por el sufrimiento del sujeto, sino, también, porque puede activar  conductas masoquistas de sometimiento a objetos patológicos, de autoprivaciones, de autocastigos, que terminan por hacer sentir impotente al sujeto para la realización de su 
deseo. Es a través del circuito del masoquismo, por las consecuencias que éste origina, que  la culpa participa como factor relevante en la producción de depresión. 

Pero el masoquismo constituye una condición compleja en que la culpa es sólo uno de los factores que lo determina. En otras palabras, e ilustrando el proceso de articulación de componentes que constituyeel hilo rector de esta exposicion, el sentimiento de culpabilidad,  con orígenes muy diversos, podrá o no articularse con el masoquismo. Por lo que resulta necesario es mostrar la génesis de la culpabilidad y del masoquismo, los factores y los  caminos por los que surgen una y otro, y las formas de articulación entre ambos, no  reduciendo el uno a la otra o viceversa. 


3) A la depresión desde los trastornos narcisistas 

A pesar que la agresividad y la culpa han ocupado un lugar preeminente en la literatura psicoanalítica sobre la depresión, varios autores han cuestionado que sean componentes indispensables para todos los tipos de depresión (Bibring, 1953; Haynal, 1977; Jacobson,  1971; Kohut 1971, 1977, 1979, 1984). Kohut ha insistido en la existencia de depresiones  en las cuales la culpa no forma parte del trastorno, siendo, más bien, los sentimientos de  frustración en el logro de aspiraciones narcisistas lo que constituiría el núcleo de la depresión. Kohut resumió, metafóricamente, la diferencia entre el sufrimiento por culpa y el narcisista  bajo su formulación de que existen, por un lado, el "hombre culpable" y, por el otro, el "hombre trágico", con sentimientos de vacío, de falta de un self cohesivo, de incapacidad de   mantener un proyecto y una identidad que le dote de vitalidad. Tolpin (1983), en un detallado  caso clínico presenta a un paciente cuyos estados depresivos no son debidos ni a 
sentimientos de culpa ni a agresividad sino a déficit estructural por falla de los objetos  parentales en la formación de un self cohesivo capaz de mantener la autoestima. Kernberg (1975) diferencia entre las depresiones en las cuales hay más auténticos sentimientos de  culpa de las «Depresiones que tienen más la cualidad de rabia impotente, de impotencia-desesperanza en conexión con la ruptura de un una autoimagen idealizada...»  (p.20). Lax (1989) afirma que en las «depresiones narcisistas, los sentimientos de  vergüenza y humillación son los que predominan, más que los de culpa» ( p. 88). Lo anterior  nos obliga a hacer, por lo menos, alguna precisión sobre la diferencia entre los sentimientos  de culpa y de vergüenza. En relación con los sentimientos de vergüenza, Rizzuto (1991),  en una amplia revisión del tema en que discute cómo la vergüenza fue considerada en la literatura psicoanalítica, concluye que «...la vergüenza está relacionada con la  autoevaluación (yo y superyó) de no ser merecedor de una respuesta afectiva deseada...».  Con "respuesta afectiva deseada" se refiere a cómose anhela que el otro responda ante posibles méritos del sujeto. Esta concepción de Rizutto de ligar la vergüenza al narcisismo  y, más específicamente, a la falla en alcanzar las metas fijadas por el ideal del yo, está  dentro de la línea desarrollada por otros autores (Broucek, 1991; Lewis, 1987; Morrison,  1989; Sandler y col., 1963; Wachtel,1987; Wurmser, 1987). Hay una dimensión que es  esencial en el sentimiento de vergüenza: la presencia, real o fantaseada, de un otro  significativo que sería testigo de las fallas del sujeto. Es diferente sentirse inferior -el  superyó critica- que sentir que un otro observa también esa inferioridad. Que en el caso de  la vergüenza no se trata de una simple proyección de la propia crítica del superyó sobre el  otro lo prueba la falta de vergüenza que todo sujeto posee frente a sus funciones  excrementicias cuando se halla en soledad y en cambio el embarazo que le embarga  cuando es observado o imagina que puede serlo. Por tanto, la vergüenza, es angustia narcisista en la intersubjetividad, y no mero sentimiento de inferioridad por tensión 
entre el ideal del yo y una cierta representación del sujeto. Es decir, que la culpa y la vergüenza se diferencian no sólo por el tema -preocupación por la valía del sujeto en la  vergüenza versus preocupación por el estado del otro e identificación con el sufrimiento de  éste en la culpa- sino, también por la estructura en juego: en la culpa se trata de un puro  conflicto intrapsíquico; en la vergüenza interviene o la presencia real del otro o la  anticipación fantaseada de la presencia que sería testigo de la poca valía del sujeto. 

Al sentimiento de culpa podrá agregársele el de vergüenza cuando se fantasea que un otro constata también la acción punible y mira al sujeto con desprecio. En las culturas en que la agresividad es fuertemente condenada una persona podrá sentirse culpable si atacó a alguien y, además, sentir vergüenza al estar en juego su valía mirada por los otros que lo consideran malo.

Observemos, también, que cuando el sujeto siente que dañó al otro podrá sentir culpa si su preocupación es básicamente por el bienestar del otro, culpa persecutoria si teme ser  castigado por esa acción, y vergüenza si lo que predomina es el código narcisista en que la consideración de su valía está por encima de cualquier otra consideración, representándose como indigno. 

Entrando ahora en los trastornos narcisistas, en la literatura psicoanalítica se suelen englobar bajo esa denominación dos tipos de condiciones: por un lado, aquellos casos caracterizados  por permanente baja autoestima o por la dificultad para mantener sostenidamente una  imagen valorizada del sujeto, lográndolo hacerlo por momentos pero requiriendo de  continuos suministros externos o de ofrendas de realización personal ante el superyó, con enorme oscilación en el balance de su autoestima (Gedo, 1979, 1981; Gedo y Gehrie, 1993; Kohut, 1971, 1977; Sacks, 1991; Stolorow y Lachmann, 1980). Por el otro, las  personalidades que despliegan su omnipotencia, grandiosidad, denigración del objeto, y  que logran mantener esa grandiosidad en base a fuertes mecanismos de escisión  (Kernberg, 1975; Rosenfeld, 1964). 

El camino que desde uno u otro tipo de trastorno narcisista conduce a la depresión también  es diferente. Con respecto al primer grupo, caracterizado por una pobre representación del sujeto, se puedellegar a la depresión de dos formas: 

a) Directamente, porque la pobre representación del sujeto hace sentir que se es impotente, incapaz de alcanzar el objeto del deseo, al que se da por perdido; la depresión es crónica, forma parte de la personalidad

b) Indirectamente, por las consecuencias que se derivan de las defensas puestas en juego. Por ejemplo, para no exponerse a situaciones que producen temor o vergüenza, la persona se inhibe, renuncia a contactos interpersonales y a experiencias de aprendizaje, con el consiguiente empobrecimiento en el desarrollo de funciones y recursos yoicos. Condición a la que se le debe de agregar la pérdida de oportunidades en la vida real para proveerse de las gratificaciones narcisistas que la tambaleante autoestima requiere -pareja, trabajo, etc. La secuencia trastorno narcisista/ angustias persecutorias/ vergüenza/ evitación fóbica/ déficits yoicos/ pérdidas en la realidad, concluyen en el sentimientos de impotencia y desesperanza para la realización del deseo; por tanto, en depresión. La depresión es, entonces, secundaria a una fobia mutilante del sujeto, fobia que no deriva primariamente de un trastorno en la representación del objeto (amenazante) sino que tiene su causa en que el sujeto es representado como minúsculo frente a aquél. 

Con respecto al segundo grupo de trastornos narcisistas -grandiosidad, omnipotencia, denigración del objeto, etc.-, la depresión no es crónica sino que irrumpe cuando colapsa  una grandiosidad que había servido para negar la realidad y las limitaciones personales. La depresión es consecuencia de los efectos del narcisismo destructivo sobre las relaciones interpersonales, la inserción en la realidad, o el cuidado de la propia persona. 


4) Angustias persecutorias y depresión 

Las angustias persecutorias -sean el temor al castigo del retiro de amor o a las distintas 
formas de agresión verbal, corporal, etc.- son capaces de llevar a la depresión por el camino indirecto de las consecuencias que tienen sobre el funcionamiento mental: perturban las sublimaciones, el desarrollo cognitivo, las capacidades expresivas emocionales y  relacionales, las habilidades instrumentales en la relación con la realidad, el propio sentido  de realidad. Las defensas que se activan para disminuir las angustias persecutorias -agresividad, evitación fóbica, rituales obsesivos, masoquismo, y otros trastornos caracterológicos- limitan seriamente las capacidades del sujeto, paralizándole, haciéndole  sentir impotente para dominar no sólo la realidad y la relación con los otros significativos  sino, también, su propia mente -rumiaciones obsesivas, angustias hipocondríacas, etc.  Para proveer una ilustración: el circuito angustias persecutorias Þ evitación fóbica  Þ inhibición Þ fracaso en logros narcisistas Þ deterioro de la representación del self  Þ depresión, nos da ya una indicación del papel que las angustias persecutorias tienen  en la determinación de algunas depresiones.


5) El papel de la identificación en la depresión 

La identificación, además de intervenir como factor indirecto en la génesis de la depresión 
al entrar como elemento estructurante para cada uno de los factores por las cuales se 
puede llegar a la depresión, lo hace también de una manera directa: la identificación con 
padres depresivos es condición importante en la organización del carácter depresivo. La representación del sujeto como impotente para realizar lo deseado puede tener su origen 
en la identificación con un otro significativo quien, a su vez, se sintió impotente. Hay 
personas criadas desde su más temprana infancia bajo mensajes, transmitidos a través de
mil formas, inconscientes y conscientes, del tipo "nosotros no podemos" o "jamás lo conseguiremos", lo que va siendo incorporado por el sujeto como una concepción de fondo 
que impregna todos sus deseos, haciéndoselos vivir anticipadamente como imposibles. 
Renuncia antes de intentar porque da por descontado el resultado negativo. 

Respecto al poder depresógeno que pueden desempeñar padres depresivos, esto no se 
limita a la bien documentada correlación entre depresión parental y depresión filial, o a las consecuencias de la falta de respuesta adecuada que los padres depresivos tienen para 
las necesidades emocionales de sus hijos, ni a la atmósfera de tristeza y culpa que generan. 
A estas condiciones debemos agregar  la identificación del niño, como rasgo 
caracterológico, con la depresión parental. Refiriéndose a esta cuestión, Anna Freud 
(1965) afirmó: "Lo que sucede es que tales niños alcanzan su sentimiento de unidad con 
su madre depresiva no mediante logros evolutivos sino mediante el reproducir en ellos el 
estado de ánimo de la madre" 

Pero el papel de la identificación no queda restringida a intervenir en la construcción de la representación del sujeto; también lo hace en cuanto a la representación de la realidad. 
Las fantasías de los padres sobre la realidad, el hecho que vean a ésta como
intrínsecamente frustrante, abrumadora o, por el contrario, como proveedora de placer, 
establece la forma en que inconscientemente el hijo/a se aproximará a ella, lo que 
esperará de esa realidad. Los estudios sobre análisis simultáneos de padres y sus hijos realizados en la Hamsted Child Therapy Clinic (Inglaterra), por dos analistas diferentes 
que no se comunicaban los resultados para no interferir en los respectivos análisis -había 
un tercero que actuaba relacionando los hallazgos- dan apoyo a la idea de que las
fantasías parentales influencian la estructura del mundo emocional del niño pequeño). 
Así como hay una "culpa prestada" (Freud, 1923), también puede existir un "sentimiento 
de impotencia y desesperanza prestada", por identificación con padres que así se sienten. 

El sentimiento de impotencia puede tener su origen en una condición diferente a la anterior:
la persona no se identifica con el otro sino con la imagen que el otro tiene de ella: 
inoculación, por parte del otro significativo, de una representación del sujeto en la que se 
ve como incapaz, débil, defectuosa. No es el caso de explayarnos en ejemplificaciones 
pero basta con pensar en padres que transmitan "Déjamelo a mí, tú no puedes", para 
ir viendo cómo se genera en el sujeto dependiente una identidad de impotente. 


6) Déficits yoicos: conflicto, identificación, simbiosis

El sentimiento de impotencia para la realización del deseo puede ser la consecuencia de 
un déficit real -no puramente un trastorno de la representación del sujeto- de recursos 
yoicos: capacidades cognitivas, expresivas, de captación de los estados emocionales 
propios y de los demás, instrumentales de organización del tiempo y de los múltiples 
aspectos de la realidad, de habilidades para iniciar y mantener relaciones interpersonales, 
etc. El psicoanálisis mostró cómo el conflicto es capaz de perturbar profundamente el funcionamiento yoico. También, a través de su estudio sobre papel de la identificación en 
la estructuración del psiquismo, dejó el camino abierto para estudiar los déficits yoicos que tienen a la identificación como causa: hay déficits por identificación con padres que lo 
presentan, pues nadie puede incorporar de los personajes significativos aquello que éstos 
no poseen. 

Además de los conflictos que producen déficits yoicos, o la identificación con figuras 
parentales con déficits, ciertas simbiosis con un objeto significativo que usurpa funciones
yoicas determina que éstas no se desarrollen. El yo, que se desarrolla en base a 
posibilidades madurativas pero también a las identificaciones y a las interacciones con un 
otro que permite el ejercicio de funciones, puede quedar mutilado si hay un trastorno 
en cualquiera de estas tres dimensiones. 


7) La realidad externa traumática y la depresión 

No cabe duda que el acontecimiento vivido adquiere siempre su significación merced a la fantasía desde el cual se lo capta y, a su vez, la fantasía no surge exclusivamente por pura generación intrapsíquica sino que hacen su contribución a ella los discursos parentales conscientes e inconscientes; más específicamente, las fantasías inconscientes de los  padres. Proceso de continua ida y vuelta, de asimilación de lo externo por lo interno y de acomodación de lo interno a lo externo. Pero aunque la realidad exterior es mediatizada 
por la interna, existen situaciones en que aquélla resulta apabullante, jugando un papel 
central para la creación del sentimiento de desesperanza e impotencia. Las situaciones 
de sometimiento prolongado, sobre todo en las etapas tempranas de la vida -aunque para 
nada restringidas a éstas- a personas patológicas, sádicas y tiránicas, a enfermedades 
serias e invalidantes, a condiciones de abandono o desarraigo, a las mil formas del dolor 
físico o psíquico, se incorporan en el psiquismo como sentimiento de fondo que hace 
sentir a la persona que nada puede hacer frente a la realidad, vivida así como 
abrumadora). En consecuencia, cualquier esquema generativo que tratase de dar cuenta 
de la depresión quedaría carente de algo esencial sino se incluyera el papel que 
desempeña la historia real del sujeto, entendiéndose por historia real tanto los sucesos 
que le ha tocado vivir como los aportes externos a la construcción de la fantasía 
inconsciente, como por ejemplo la historia de las identificaciones con las fantasías 
inconscientes de los padres. 


8) Transformaciones entre los distintos circuitos 
que conducen a la depresión 

Aunque se puede llegar a la depresión a través de cualquiera de los circuitos 
mencionados, de forma independiente, siguiendo las encadenamientos de procesos 
propios de cada uno es posible que estos circuitos se articulen, que es lo que ilustra el 
diagrama adjunto, debemos diferenciar dos modalidades diferentes de articulación: 

a) Como una serie complementaria, cuyos componentes sobredeterminan a la depresión; es decir, la depresión como el resultado de la participación simultánea 
de varios factores. 

b) Como una serie secuencial en la cual un circuito produce consecuencias y movimientos defensivos, los cuales, en un paso ulterior, activan otro circuito o grupo de circuitos, lo que, a su vez, activa a otros, que pueden retroactuar sobre los precedentes. Una sucesión de pasos y circuitos que finalmente conducen a la depresión. Ilustremos esta sucesión de eslabones y transformaciones 
mencionando algunas pocas posibilidades (la bidereccionalidad de las flechas en 
el diagrama muestra las múltiples secuencias posibles de la articulación entre circuitos).

depresion.GIF (11603 bytes)
Un trastorno narcisista, y dentro de éstos el perteneciente al subtipo en que el elemento 
central es la pobre representación del self , que de por sí bastaría para podría producir 
depresión -el sujeto se siente no valioso, inferior-, es dable que conduzca a ésta a través 
de otros circuitos. Por ejemplo, para intentar contrarrestar el sufrimiento narcisista dado 
por la pobre representación de sí, y sin que todavía haya depresión, se ponen en marcha 
deseos agresivos destinados a cuestionar a los otros frente a los cuales el sujeto se siente inferior o que tienen como finalidad intentar dotar al sujeto de un sentimiento de potencia 
y de valía a través de verse como temido por los demás -"mejor malo y destructivo, es 
decir poderoso, que débil, inferior". Con lo cual el movimiento psíquico pasa ahora a 
transcurrir por las vías que la agresividad impulsa, con todas las consecuencias que ésta 
implica, entre ellas la depresión, como vimos en el apartado agresividad/depresión. 

Pero si, a partir del circuito de la agresividad, sea por proyección o por respuesta 
retaliativa en la realidad por parte del objeto externo agredido, se llegase a activar el 
circuito de las angustias persecutorias la llegada a la depresión podrá sobrevenir por las consecuencias que ese tipo de angustia acarrea. 

O si la agresividad da lugar no a sentir al mundo como peligroso sino a que sea el sujeto 
quien se represente a sí mismo como peligroso y dañino para con sus objetos, al activarse 
el circuito de la culpa, con sus consecuencias de renuncia o de autocastigo masoquista, entonces serán éstas las vías privilegiadas por las que se encaminara el proceso psíquico 
hacia la depresión. 

En otros términos, algo que comenzó por el lado de una pobre representación del sujeto, 
al articularse con la agresividad hace que el camino hacia la depresión ya no sea el que 
derivaría de la primera sino de las sucesivas articulaciones que la agresividad pudiera ir estableciendo -ninguna obligada- con otros componentes, los que tampoco existen como 
componentes obligados, universales, en todo sujeto. Por otra parte, un trastorno narcisista 
en el subtipo pobre representación del self puede incidir en la producción de déficits 
yoicos, los que como señalamos antes inician una vía propia hacia el sentimiento de 
impotencia y desesperanza que se manifiesta como depresión. 

Tomemos otro de los sectores del diagrama, el correspondiente a la identificación: cuando 
ésta tiene lugar con padres en quienes domina el sentimiento de impotencia, ello puede 
hacer sentir al sujeto que todos son más poderosos que él, llevándole a temer a las figuras externas, a renunciar a competir no por masoquismo moral sino por angustias 
persecutorias. Se activa entonces el circuito de éstas, las que pueden conducir a la 
depresión. 


9) Utilidad del modelo modular de articulación de componentes

No es posible detenerse más en recorrer todos los sectores del modelo modular 
presentado para los trastornos depresivos ni las múltiples interrelaciones entre todos ellos.
Lo que se desea resultar es la ventaja de conceptualizar de este modo las fuerzas que 
actúan en la génesis y mantenimiento de las depresiones, ya que permiten entender a las 
mismas en términos de procesos, no de categorías estancas, posibilitando penetrar en la descripción de cómo se pasa de un estado a otro, de las razones dinámicas de esas transformaciones, de los circuitos que se articulan para llegar a las mismas, y para 
sostenerlas en el presente. El mapa general de las depresiones (diagrama) no debe ser 
entendido exclusivamente en una dimensión histórico-biográfica, es decir, como circuitos 
que se fueron encadenando en el pasado, sino también, y esencialmente, como 
describiendo procesos actuales que mantienen las condiciones generadoras de 
depresión. Esta resulta de un continuo proceso de construcción: la persona no sólo se 
representa a sí misma como impotente por causa de una representación del pasado 
congelada en el psiquismo -ésta es una parte-, sino que las reglas bajo las que funciona
su psiquismo le conducen, una y otra vez, a la reproducción del sentimiento de impotencia 
y desesperanza. 

Un modelo general de los cuadros depresivos en términos de articulación de circuitos 
ayuda a entender los mecanismos que subyacen a lo que de otra manera aparecería simplemente como categorías de una taxonomía en función de las circunstancias o acontecimientos que desencadenarían las depresiones. Si ciertas circunstancias o acontecimientos vitales -muerte de un ser querido, pérdida de empleo, enfermedad, etc.- 
pueden generar un cuadro depresivo es, precisamente, porque son capaces de activar 
algunos de los circuitos que en el esquema presentado conducen a la depresión. 
Igualmente, si la familia o el entorno social más amplio pueden contribuir a la génesis 
de la depresión es porque actúan a través de los caminos que vamos describiendo. 
No basta afirmar que la familia o las condiciones de vida son capaces de producir 
depresión. Resulta necesario afinar la comprensión y descripción pormenorizada de cómo 
se ejerce esa influencia. 

Además, este esquema integrado de los componentes en juego permite ubicar los 
sectores dentro de los cuales distintos autores han estudiado el fenómeno depresivo. Así, 
por ejemplo, Abraham primero y luego M. Klein centraron su análisis de la depresión en la relación agresión-culpa-depresión. Dentro de ese sector, hicieron indudables aportes, 
pero las aplicaciones clínicas de sus descubrimientos corren el riesgo de convertirse en reduccionistas si otros factores no son también tomados en cuenta. Esto no significa que 
sus investigaciones sean prescindibles, pues gracias a ellas tenemos una parte del mapa 
global. Tomemos a otro autor, Kohut, quien ha trabajado con riqueza clínica un subsector 
de depresiones narcisistas, describiendo las vicisitudes de la relación con los objetos-del
-self, aunque subestimando el papel que la agresividad, la culpa, la angustia persecutoria 
y, sobre todo, el conflicto desempeñan en su génesis. 

¿Qué muestra esto? Que en autores que son importantes, autores a los que debemos 
mucho, hay un cierto predominio del pensamiento monocausal: búsqueda de una causa 
única, fundante, elevada al papel de condición suficiente. Respecto a la necesidad de 
diferenciar subtipos de depresión, en " Duelo y melancolía" Freud tuvo la cautela de 
especificar que el mecanismo que describía -la introyección de la agresividad- 
correspondía a un tipo dentro del amplio campo de los trastornos depresivos, pero que 
habría otros a tener en consideración: «Estas elucidaciones plantean un interrogantes: si 
una pérdida del yo sin miramiento por el objeto (una afrenta del yo puramente narcisista) 
no basta para producir el cuadro de la melancolía, y si un empobrecimiento de la libido 
yoica, provocado directamente por toxinas, no puede generar ciertas formas de la 
afección» (p. 250). Dentro de igual orientación, en cuanto a mostrar la multiplicidad de 
subtipos de depresión, se encuentran los trabajos de Jacobson (1971), o la diferenciación, 
con consecuencias para la terapia, que Blatt realiza. Este autor ha desarrollado toda una 
línea de trabajo en que estudia la dependencia afectiva con respecto al objeto externo 
versus la dependencia frente al superyó como dos subtipos que, si bien puede 
presentarse como componentes que se mezclan, no es infrecuente que en un sujeto 
predomine uno de ellos. A aquellas personas para quienes lo que cuenta es satisfacer 
al superyó, Blatt las denominó "introyectivas" y a las que dependen del objeto externo, "anaclíticas". Lo que Blatt intenta mostrar es que los dos subtipos son sensibles a 
diferentes acontecimientos, padecen diferentes subtipos de depresión y responden 
también diferencialmente de acuerdo a la modalidad de psicoterapia que se emplee con 
ellos. Aquellos para quienes lo que cuenta es su propio superyó y que se guían por el 
logro de metas de realización personal juzgadas desde parámetros internos, siendo las 
relaciones interpersonales secundarias en sus vidas, la depresión se produce cuando 
fallan en conseguir los objetivos buscados fijados por el superyó, sean tanto de 
perfección moral como de cumplimiento de ambiciones en la realidad externa. En 
cambio, los sujetos dependientes del objeto externo, que viven de las vicisitudes de las 
pruebas de amor que éste pueda brindar o privar, será la pérdida del objeto amoroso la condición a la que reaccionarán con enorme sensibilidad. Para enfatizar las diferencias: 
por un lado el sujeto que no le importa qué es lo que pasa con su familia, que incluso se 
desentiende de ésta, pero que resulta vulnerable a la constatación de que cometió un 
error que su superyó perfeccionista considera testimonio de inferioridad. Por el otro, el "anaclítico", en los términos de Blatt, para quien si el objeto de amor le manifiesta su 
afecto todo está perfecto, independientemente de cualquier otra dimensión de 
realización personal. 

Blatt concluye que los "introyectivos" al depender del superyó no se beneficiarán de la psicoterapia de apoyo: el afecto del terapeuta no representa nada para ellos mientras su 
superyó no les apruebe. Más aún, el apoyo les humillas y profundiza en la depresión pues 
les hace sentir que están necesitados de él. Solamente el análisis del conflicto psíquico, 
del superyó exigente o sádico, es capaz de producir un cambio. En cambio, los sujetos dependientes del objeto externo se rehacen rápidamente en la transferencia, se "curan" 
de su depresión rápidamente por el amor de transferencia, lo que les permite compensar 
en el vínculo terapéutico la pérdida del objeto de amor que es la que les condujo a la 
búsqueda del tratamiento. 

Jacobson (1971) enfatizó que lo que distingue a la depresión neurótica de la psicótica 
y de la que presentan las personalidades borderline no es un problema del contenido 
temático sino de las características estructurales de sus componentes: el nivel del 
desarrollo del yo y del superyó, su grado de integración y la mayor o menor tendencia 
hacia la regresión y fragmentación; la tendencia a que el superyó asuma excesivo 
control sobre el yo, o a desintegrarse y fusionarse con las representaciones del objeto o 
del self; el grado de fusión patológica entre las representaciones del objeto y del self; las pulsiones -agresiva y libidinal- dirigidas a las representaciones del self y del objeto; los 
mecanismos de defensa implicados. Por otra parte, siguiendo a Freud, afirma 
reiteradamente su convicción acerca de la importancia de los factores biológicos en las depresiones psicóticas. Kernberg (1975, 1992) adopta, también un enfoque estructural 
más que sintomático para diferenciar las depresiones que se encuentran en los cuadros borderline, en la psicosis, y en otros trastornos caracterológicos como el masoquismo, 
otorgando un papel central a la agresividad. 




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